sábado, 29 de mayo de 2021

ANATEMA

Con el aforismo hipocrático -pasado por el tamiz latino- "ARS LONGA, VITA BREVIS" titulé mi anterior aportación a este desamparado blog. Eso me da pie a escribir aquí, donde ahora resuena el eco de mi voz, dos tonterías que, seguramente, interesen poco.

La medicina es una Ciencia, dicen. Para eso se estudia en las universidades, esos modernos templos que surgieron con la megalomaníaca pretensión de abarcar el saber universal. Lo hicieron al amparo de la Iglesia, una institución que, hasta hace bien poco, siempre declaró estar interesada en alcanzar la Verdad. Porque la Revelación y Platón y Aristóteles -sobre cuyos poderosos hombros se asientan las bóvedas de crucería de la Escolástica- dejaron claro que dicha Verdad no podía ser subjetiva ni tampoco polifónica. 

Escribía el Estagirita en su tratado sobre la Metafísica:

δῆλον δὲ πρῶτον μὲν ὁρισαμένοις τί τὸ ἀληθὲς καὶ ψεῦδος τὸ μὲν γὰρ λέγειν τὸ ὂν μὴ εἶναι ἢ τὸ μὴ ὂν εἶναι ψεῦδος, τὸ δὲ τὸ ὂν εἶναι καὶ τὸ μὴ ὂν μὴ εἶναι ἀληθές, ὥστε καὶ ὁ λέγων εἶναι ἢ μὴ ἀληθεύσει ἢ ψεύσεται.

[Esto se aclara de la determinación de los conceptos verdadero y falso. Decir, por tanto, que aquello que es, no es; o que aquello que no es, en realidad es, es falso; mientras que decir que, lo que es, efectivamente es, y que lo que no es, efectivamente no es, es verdadero. Por tanto, quien predice lo que es y lo que no es, debe saber discernir la verdad.]

Protágoras, Hipias, Critias y un largo etcétera -entre los que cabe citar los versos de Píndaro y el enfoque del historiador Tucídides- quedaron de este modo excluidos durante siglos, por relativistas, del debate epistemológico.

Pero el caso es que, escasamente un siglo y pico antes de eso, cuando la medicina no era sino una τέχνη, un griego nacido en la isla de Cos redactó el Juramento que lleva su nombre y compiló -supuestamente- aquello que en su época concernía a esta disciplina. Hipócrates era consciente de que los discípulos de Asclepios practicaban un arte, en virtud de lo abstracta y subjetiva que es la salud.

Hoy en día vivimos tiempos en que el relativismo ha vuelto con fuerza y los juramentos parece que han quedado obsoletos. ¿Para qué jurar? ¿Ante quién jurar? Tampoco se habla hoy de Verdad -en singular y mayúscula- en esas Universidades, que hace ya siglos que se separaron de la Iglesia. Ni siquiera en los rescoldos de la secular institución vaticana hablan ya de verdad o de mentira.

Pero debatir sobre la Verdad en la Ciencia ha pasado a constituir el mismo anatema que hasta hace pocos siglos implicaba hablar de diferentes verdades. De manera que es lógico que salud siga siendo un término muy difícil de definir. Razones para ello no faltan: no es preciso suscribir, como Galeno, que las facultades del alma siguen los temperamentos del cuerpo para constatar que, lo que un organismo tolera perfectamente, para otro puede ser la puntilla que lo lleve al Hades. Pero ¿acaso no beneficia la salud aquello que ayuda a preservar la vida? Dependerá de la medida en que ayude, de que no perjudique otros aspectos, y de lo que entendamos por vida. Y, de esta última -que tampoco es fácil de definir- y de lo que la hace valiosa, hemos seguido aprendiendo cosas, particularmente a lo largo de este último año y medio, en el que han sucedido tantísimos acontecimientos... y a la vez tan poquitos que merezcan la pena. Curiosamente, quienes en este tiempo hemos adquirido algún conocimiento sobre lo que significa estar vivo, y a la par creemos que el concepto de salud es difícilmente objetivable, hemos sido excomulgados por ese trasunto curil, que, desde los círculos de poder, se da en llamar "La Ciencia". En singular y mayúscula. O por quienes pagan las subvenciones, becas y laboratorios de científicos éticamente minúsculos.

jueves, 14 de enero de 2021

ARS LONGA, VITA BREVIS

¡Tantas cosas que hacer y tan poco tiempo! La verdad es que para las 42 castañas que tengo creo que llevo ya más vidas que un gato. Y el caso es que cada vez que regreso a Ítaca de un viajecito exprés al Averno, termino volviendo a irme en busca de vaya usted a saber qué, navegando entre Escila y Caribdis.

Mi prosa ha empeorado significativamente. Se ha hecho pomposa. Y como pompa que es, estalla y desaparece... dejando atrás... nada.

lunes, 18 de febrero de 2019

EPICTETO EN 2019

Decía, hace no tanto, que en Occidente no somos budistas y que, por tanto, eso de eliminar el deseo de nuestros corazones no cuadra demasiado bien con nuestra herencia cultural. Por supuesto, estaba en un error: ¿qué hay del estoicismo? ¿Es que se puede olvidar la corriente del pensamiento que durante algún siglo marcó el ritmo de las caligae que marcharon en centurias, cohortes y legiones por las calzadas romanas? El estoicismo incluso marcó el pensamiento de las testas coronadas, en aquella época.

Está claro que, al repasar las corrientes filosóficas que nos pueden servir de guía para encarar las adversidades, se me pasó por completo hacer referencia a la Stoa de Zenón de Citio. ¿Por qué? Quizá porque no está de moda. ¿Y por qué no está de moda? ¿Será por desconocimiento? También. Pero por más que ignoremos la expresión de la ley de gravitación universal, no somos ajenos a su imperio, y, si tropezamos y caemos al suelo, la percibiremos en toda su gravedad, si me permitís el chascarrillo. Creo que si no está de moda el pensamiento estoico se debe, más bien, a su incompatibilidad con los valores en boga, que -así, en general- se podrían resumir en tres: apariencia, disfrute absurdo y tontería. 


Aparte del laureado Marco Aurelio y del patrio -por cordobés- Séneca, cuyos nombres resuenan en las oquedades craneales del occidental común, más por sus papeles como comparsas en La caída del Imperio Romano (Anthony Mann, 1964), Gladiator (Ridley Scott, 2000) y Quo Vadis? (Mervyn LeRoy, 1950) que por su legado, es raro que se recuerde entre los estoicos a Epicteto. Y mira que su Ἐνχειρίδιον es un escrito bien cortito y que, convenientemente traducido del griego, resulta inteligible, incluso para las víctimas de la LOGSE.




¿Qué nos cuenta el ahora olvidado griego a los pardillos que caminamos por este viejo mundo en 2019? Cosas tan impopulares como que hay algunos asuntos sobre los que tenemos influencia y otros sobre los que no regimos -algunos, incluso, sobre los que no regiremos jamás-. Nuestro entendimiento, nuestra voluntad de acción, nuestros deseos y nuestras elusiones -aquello que eludimos, que evitamos-, entran dentro de la primera categoría. En cambio no tenemos influencia sobre lo que nos sobrepasa. Y que la fuente de todas nuestras insatisfacciones deriva de considerar como libre aquello que por naturaleza está ligado a uno mismo; y, por contra, creer que lo externo está sujeto a nuestro influjo: "Todos tus planes se irán al traste, te lamentarás, perderás el ánimo y te pelearás con los Dioses y con el mismo mundo".




Si esto no nos ha recordado aún las enseñanzas de Siddharta Gautama, esperad a leer este párrafo: "Recuerda: 'desear' implica la ilusión de conseguir lo deseado; 'eludir' implica la ilusión de no caer en aquello que se evita; y quien fracasa en sus deseos es infeliz, pero quien cae en aquello que trataba de evitar no lo es menos. (...) Si lo que tratas de evitar es la Enfermedad, la Muerte o la Pobreza, serás infeliz. No dirijas por tanto tu antipatía a todo aquello que no eres capaz de dominar, y encauza mejor dicha antipatía hacia aquello que, dentro de tu esfera de influencia, vaya contra la naturaleza. Y, por de pronto, renuncia a todo deseo (...), pero no lo hagas como un avinagrado, sino impávido".

¿Quiere todo esto decir que he pasado de pertenecer a la piara de Epicuro a, de repente, incorporarme a la fila de aquellos que se agolpan junto al pórtico del ágora de Atenas? No lo sé. Lo que creo saber es que el pensamiento -o algo- de George Lucas (todo eso de "utiliza la fuerza", "hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes", "si crees en ti, todo es posible") y flatulencias por el estilo han apestado ya las mentes de un par de generaciones de occidentales, y los Dioses prohíban que terminen siendo tres. Quizá el manual de un esclavo griego del siglo II d.C. puede darnos argumentos para volver a pisar tierra firme, dejarnos de Fuerzas que escapen del campo de la Física, Lados luminosos y Lados oscuros, y, simplemente saber discernir entre aquello que está en nuestras manos de aquello que no lo está; que -tal y como está el patio- no parece poca cosa.





viernes, 10 de agosto de 2018

DE LA VIDA, LA PATERNIDAD Y LA "EDAD DEL SUABO"

A ver, ¿dónde lo dejamos? En que tenía cosas que contar. No. En que escribiera como si Groucho me pisara los talones. Tampoco. En que estaba sobreviviendo. De acuerdo: pues he sobrevivido.

Decía también que hacía mucho tiempo que no me iba de vacaciones en agosto. Pues no es cierto. Hace sólo tres veranos de la última vez. Pero en ese lapso cronológico han pasado muchas cosas. Algunas que incluso cambian la perspectiva del propio tiempo.

Efectivamente, al igual que ahora, también pasé por aquí con ganas de publicar algo. A la semana de aquello me rompí el hombro izquierdo. Dos semanas más tarde falleció mi padre. Van a cumplirse tres años de aquello. Mi hombro se curó y a los meses ya estaba recuperado y como si tal cosa, salvo que de tanto en cuanto me convierto enteramente en estación meteorológica andante. De la muerte de mi padre, no diré que me he recuperado, porque eso deja marca. Puedo decir que le guardo en la memoria y que, aunque ya no derramo lágrimas por su fallecimiento, me acompaña todos los días. Qué cursilería. Mejor diré que pienso a menudo en él y que eso -ahora- me saca una sonrisa. Ah, que no lo he arreglado. Pues es lo que hay, compañeros.

Es normal que -ya desde tiempos de Jorge Manrique, y, echando la vista aún más atrás, desde Plutarco o incluso desde Eurípides- un hijo se acuerde de su padre. Más aún cuando se lleva ya tiempo intentando serlo uno mismo. Las esperas no son fáciles. Se espera a la par que se desespera. Desde luego, no se pueden escribir más tópicos en tres párrafos, de verdad.

Cuatro años queriendo ser padres y la naturaleza, Dios o el azar no se ha decidido a concedernos ese deseo a mi mujer y a mí. (Sí, también me casé, pero eso supongo que lo habréis intuido). Uno puede pretender ponerse meditativo y tratar de eliminar el deseo, como fuente de insatisfacciones y frustraciones que le uncen a este mundo, sucio y cruel, que, encarnación tras encarnación, rueda eternamente. Pero no somos budistas, por mucho que los seguidores del mindfullness intenten engañarse, sino judeocristianos. Para bien y para mal. Y eso nos acerca culturalmente mucho más a Job y al camino de la espera. O a tratar de asumir esa fortunae rota.










 
O también a Heidegger y a Sartre, y por esa vía a todo lo contrario. Es decir: a la negrura existencial. O a entablar un diálogo entre ambos caminos, aparentemente paralelos y por tanto irreconciliables, como ya hizo un campesino bohemio a principios del siglo XV.



En esa dialéctica estoy, y, entre las tortas que uno va recibiendo, por el camino me he topado con algo que se parece a la serenidad de espíritu. Casualmente o no, me he dado de bruces con ella cuando estoy cercano a abandonar la treintena, una edad que anteayer me parecía un abismo y que hoy puedo decir que ha sido -y es- sólo un paso más en la inabarcable senda del aprendizaje que es la vida.

Los suabos, un pueblecito teutón al que -por cuna y por crianza- me complace pertenecer, tienen un dicho que reza así: hasta los 40, el suabo sólo es "medio listo" (que viene a significar que en realidad es medio tonto), y que una vez franqueado el "Schwabenalter" (o "la edad del suabo"), comienza a dar signos de inteligencia. A ver si va a ser eso.

miércoles, 8 de agosto de 2018

ROSTROS EN LA MEMORIA

Creo que es el primer año en mucho tiempo que no me voy a ningún sitio de vacaciones en agosto. También es cierto que a finales de junio me fui una semana escasa al norte de Portugal, de manera que se podría argumentar que mi sed de viajar debería de haber quedado satisfecha. Pues mira, no.

Dado que no me he ido, vuelvo a este blog, que está dejado de la mano de Dios, y he vuelto a viajar a algunos destinos, aunque sea con la memoria. Aunque más que de lugares, en esta ocasión me he acordado de rostros. ¡También de los vuestros!



P.S.: ¡Buen viaje a los que se escapan en estas fechas!