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martes, 25 de mayo de 2010

levriha tanvien hes hatun


Me lo emkontre kamino dhe levrija. Kasy yamo phor telehfono. ajan hapuextaz. La jram Where ho Maese Pentapolin? Nho hesta mar hel terrenho. lla zomoz terrathenientez-

martes, 9 de diciembre de 2008

CHAOUEN

Queridísimos hatunes, esta es una pequeña muestra de un lugar maravilloso que me gustaría compartir con vosotros. Chaouen es una pequeña ciudad marroquí, hermanada con otra ciudad gaditana, Vejer de la Frontera. Os recomiendo las dos. Ambas son hermosas, y ambas tienen algo en común. No son sólo una bonita postal, tienen vida, movimiento, gente en las calles y merece la pena pasar un día por allí.
Teniente, te toca a ti ahora responder al desafio. ¿Te atreves a contar una historia? no vale documentarse


















lunes, 24 de noviembre de 2008

SIN PARACAIDAS





Buceando en por la red he encontrado una página, “la comunidad de los cuentos” y en ella un texto asombrosamente hermoso de Julio Cortázar
Bueno, lo tenía que compartir con vosotros. No se que pensareis del mismo pero a mi me ha conmovido profundamente. Tanto por la belleza de las palabras, tan importantes para mí, como por la emocionada entrega del autor. Y porque me gusta el espíritu del texto, “amar sin dar tiempo a revisar el paracaídas”. Si alguien conoce otra forma más cómoda, placentera y fácil de querer que la cuente. Yo me quedo con la del maestro Cronopio. Ahí os lo dejo, es corto, y es bello.

Pero me dormiré ahora con mis cinco sentidos sobrepuestos, acongojándome en algún río que retoña…. Vi que tu trastorno invadió la hora y el calor no se ahogó cuando debía.

Si se destajó tu asombro no fue por tus endrinas manos resguardadas, o por tus músculos amorosos hechos polvo, quizás fue porque quisiste mirar ciego y tocar sin ver, amanecer con pocos sueños….

Y si te quiero es porque mis ojos se abrieron más allá de tu boca, y porque tu temblor tierno arrancó lo aparente, se fue volando el consuelo, no nos dimos tiempo de revisar el paracaídas…

Y dentro de ese lejos en el que te desvelas parece ser que yo dormí algún día.

domingo, 26 de octubre de 2008

CARLITOS FELIZ TREINTA Y DIEZ

¿Que le regalas el día de su cumpleaños a una persona a la que quieres mucho?





Se que su flor favorita es el jazmín.




Y que es seguidor del Boca...






... Y se que sueña con venir a España...(y nosotros con que séa pronto)


¿Y como te hago llegar un fragante ramo de jazmines hasta tu Baires? Del Boca sólo se allí jugó Maradona. Y lo siento mucho, pero no tengo plata para comprarte un billete hasta España. (Prometo echar primitivas y comprar lotería de navidad).
¿Te conformas con un beso? ¿Y con un abrazo? Pues te mando miles.



Felicidades Carlitos, ¡que placer haberte conocido!.

domingo, 19 de octubre de 2008

Con el alma al aire



Hoy es el cumpleaños de Alma, mi sister, mi hermana. La más pendenciera de las hatunas, la más irónica y siempre dispuesta a una buena confrontación. Divertida, fiel, buena conversadora, y pronta a sacar su vizcaina para banear al intruso.

Sé que no le apetece que le recuerden que es su cumpleaños pero como soy su hermana mayor, y me da igual, aquí estoy:
Felicidades, mi queridisima Alma. Ojalá que este año te traíga cosas hermosísimas, que lo hará, que tu mundo sea completo y que la dicha te inunde. Y deseo también poder compartir este tiempo que comienzas contigo, porque eres una de las cosas bellas que alguna vez suceden. No dejo de pensar en la loca suerte que tuve el día que entré en el foroloco. Cuántas cosas desde entonces, parece que hubiera transcurrido una eternidad y han sido sólo meses. Y ese corto espacio se ha convertido en eterno entre otras cosas porque tú haces que el tiempo a tu lado sea tiempo verdadero, real, y que merece la pena vivirlo.
Por todo ello felicidades Almalaire, el nick más bonito de toda Hatunia. Y Mil veces gracias.

Te dejo un poema de Walt Whitman. Me gusta porque celebra la vida y eso celebramos hoy, 35 gloriosos años de vida.

DE "CANTO A MÍ MISMO":

Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.
vago... e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.
Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy y no terminaré mi canto hasta que muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Sé cuál es su misión y no la olvidaré;
que nadie la olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de para en par las puertas a la energía original de la naturaleza
desenfrenada.


domingo, 28 de septiembre de 2008

PAUL


Gracias, ha sido un placer. Que las estrellas te guíen.

viernes, 19 de septiembre de 2008

HARTE


Vuelvo a abrir esta entrada que Carlitos creó en Julio, allá por los inicios de Hatunia. Me encantaba y me parece una pena que se pierda. Es verdad que tenemos nuestro propio museo, pero a mí me gustaba que la gente no solo colgara una obra, sino los comentarios que hacía sobre la misma. Yo creo que el acto de mirar un cuadro, una escultura o una capilla, un jardín... en realidad cualquier cosa que haya creado el hombre por el solo placer de la creación, por la necesidad de expresar su angustia o felicidad y hacerlo con el corazón, es uno de los grandes placeres que te ofrece la vida. Quizás no nos gusten a todos las mismas obras, pero eso no importa, si alguno de vosotros tiene algo que decir sobre el tema, yo quiero oirlo. Y seguro que los demás también.

Yo voy a poner una obra conocídisima. No existe oficina o casa de muebles que no exponga una lámina de la misma. ¡Si hasta una marca de aire acondicionado la utiliza como embellecedor! Y es una lastima, porque tanta exposición banal la vulgariza y le hace perder encanto. Ya no la vemos, forma parte del paisaje entre sofás y jarrones de dudoso diseño. Pero ¡es tan hermosa!, que me gustaría traerla a nuestra sección de Arte. Me refiero al cuadro "El beso" de Gustav Klimt.

Me emociona esta obra por la actitud de entrega de los amantes. El abandono de ella a la caricia, el absoluto ensimismamiento ante el beso, el abrazo en que se envuelven y que los convierte en un universo único y ajeno al resto de los mortales. Ni su colorido ni su técnica, la esencia de este cuadro es que consigue que tu quieras estar ahí, entre rosas y piel.

Lo que cito a continuación creo que es de Pedro Salinas, y creo que es la síntesis de este cuadro:

"...Cada beso perfecto aparta el tiempo, le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve donde puede besarse todavía..."


sábado, 13 de septiembre de 2008

CROACIA



























Los diez primeros dias de Septiembre me fuí de vacaciones, como todos sabreis ,a Croacia. Esta es mi modesta crónica.
Para empezar tengo que decir que diez dias son poco, que Croacia es un país hermosisimo, que merece tiempo y atención. Posee una costa bañada por el Adriatico, que aúnque vive casi exclusivamente del turismo todavía conserva toda su belleza. Quizas por que sus playas, pequeñas y reconditas no son aptas para playeros sin mas pretensiones, a veces solo se puede acceder desde barcos. En fin, que Dios bendijo a este país con una rivera de ensueño, un mar transparente y una costa pedregosa, infame para cualquier dominguero que se precie. Eso la salvará de la especulación, lo cual espero y deseo. Los pueblos siguen siendo pequeños, con casas de blancas piedras y ropa tendida al sol. los tejados de un rojo anaranjado y todo junto es una postal idilica, con sus islas y sus embarcaderos llenos a rebosar de veleros . Los croatas son gente aficionadisima al mar que miman y cuidan con esmero sus embarcaciones.

Además de la costa, de sus ciudades de ensueño y sus islas paradisiacas el interior de este pais es apabullante, lleno de bosques de un verdor esplendoroso. En concreto conocí el Parque Nacional de Plivitce, la mas hermosa combinación de hayas, pinos y agua que os podais imaginar. Con lagos de un profundo color turquesa o de un verde, limpio y transparente, lleno de matices. Lagos unidos por cascadas que se cruzan en barcos muy silenciosos para no molestar a la fauna. (por cierto no vimos ni un pajarillo).

De las ciudades que he visto, dos me han gustado especialmente, una es TROGRI, declarada patrimonio de la humanidad, y donde sentaron sus reales griegos, romanos y austro-hungaros, pero que mal que les pese, es veneciana hasta médula, hija de la serenisima hasta el último rincón de sus estrechas calles. Tan bella como una ciudad italiana pero limpia e impoluta como como si fuera autríaca. Personalmente creo que un poco de la pasión y anarquía italiana le añadiría encanto.

Y DUBROVNIK. Me he enamorado de Dubrovnik, de su casco antiguo, probablemente la ciudad más bonita que he conocido, ceñida por una blanca muralla, habitada por blancas casas y blancas calles, coronada de tejas y rodeada de un mar azul, limpio y sereno. Y lo mejor de todo es que no es (unicamente) un escaparate para el turismo. La gente la habita, la vive. Lo ves en las ropas tendidas sin recato, sabanas, pantalones, y ropa interior exibida con impudico y adorable descaro ante los visitantes que, escandalizados ,preferirían un escenario menos domestico. Tiene esta ciudad escaleras que te llevan a casas viejas con ventanas ojivales llenas de macetas y gatos que ronronean tendidos al sol, confiados y tranquilos ya que por alguna razón sus habitantes los miman y dejan en paz

Desgraciadamente aun se ven la huellas del horror que sufrió hace poco mas de una decada. Aunque completamente restaurada , las impactos de balas y obuses son imposibles de retirar. Si te fijas bien, ves huecos en las piedras que no los produjo el tiempo. Espero que el impacto en su alma sea menos duradero.

Y por último en Dubrovnik hay un cafe, el Trobador. Es un lugar encantador donde ofrecen Jazz en directo, en una terraza llena de gente y donde yo me sentí especialmente feliz. Tan a gusto me sentí allí que con todo el descaro que me concede ser hatunia, en un rinconcito escribi con mi lapiz de ojos, no tenia otra cosa a mano, "este lugar es territorio de hatunes".

jueves, 21 de agosto de 2008

Feliz Cumpleaños


Ayer, hoy o mañana ha sido, es o será el cumpleaños de uno de nuestros más queridos hatunes. Felecidades Aratz. Espero que este año te depare lo mejor, los mas bonito y lo más intenso, que ningún día te sea indiferente, que ningún mal te toque y que si lo hace cuentes con nosotros. Ha sido un autentico placer. Zorianak


martes, 5 de agosto de 2008

EL PRINCIPE FELIZ

Es un poco largo, pero es un cuento que me encanta y me apetecía dejarlo aquí. Lo he encontrado en una página de la Biblioteca Miguel de Cervantes.


El príncipe feliz

Del Grandisimo Oscar Wilde

En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.
Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada.
Por todo lo cual era muy admirada.
-Es tan hermoso como una veleta -observó uno de los miembros del Concejo que deseaba granjearse una reputación de conocedor en el arte-. Ahora, que no es tan útil -añadió, temiendo que le tomaran por un hombre poco práctico.
Y realmente no lo era.
-¿Por qué no eres como el Príncipe Feliz? -preguntaba una madre cariñosa a su hijito, que pedía la luna-. El Príncipe Feliz no hubiera pensado nunca en pedir nada a voz en grito.
-Me hace dichoso ver que hay en el mundo alguien que es completamente feliz -murmuraba un hombre fracasado, contemplando la estatua maravillosa.
-Verdaderamente parece un ángel -decían los niños hospicianos al salir de la catedral, vestidos con sus soberbias capas escarlatas y sus bonitas chaquetas blancas.
-¿En qué lo conocéis -replicaba el profesor de matemáticas- si no habéis visto uno nunca?
-¡Oh! Los hemos visto en sueños -respondieron los niños.
Y el profesor de matemáticas fruncía las cejas, adoptando un severo aspecto, porque no podía aprobar que unos niños se permitiesen soñar.
Una noche voló una golondrinita sin descanso hacia la ciudad.
Seis semanas antes habían partido sus amigas para Egipto; pero ella se quedó atrás.
Estaba enamorada del más hermoso de los juncos. Lo encontró al comienzo de la primavera, cuando volaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla, y su talle esbelto la atrajo de tal modo, que se detuvo para hablarle.
-¿Quieres que te ame? -dijo la Golondrina, que no se andaba nunca con rodeos.
Y el Junco le hizo un profundo saludo.
Entonces la Golondrina revoloteó a su alrededor rozando el agua con sus alas y trazando estelas de plata.
Era su manera de hacer la corte. Y así transcurrió todo el verano.
-Es un enamoramiento ridículo -gorjeaban las otras golondrinas-. Ese Junco es un pobretón y tiene realmente demasiada familia.
Y en efecto, el río estaba todo cubierto de juncos.
Cuando llegó el otoño, todas las golondrinas emprendieron el vuelo.
Una vez que se fueron sus amigas, sintióse muy sola y empezó a cansarse de su amante.
-No sabe hablar -decía ella-. Y además temo que sea inconstante porque coquetea sin cesar con la brisa.
Y realmente, cuantas veces soplaba la brisa, el Junco multiplicaba sus más graciosas reverencias.
-Veo que es muy casero -murmuraba la Golondrina-. A mí me gustan los viajes. Por lo tanto, al que me ame, le debe gustar viajar conmigo.
-¿Quieres seguirme? -preguntó por último la Golondrina al Junco.
Pero el Junco movió la cabeza. Estaba demasiado atado a su hogar.
-¡Te has burlado de mí! -le gritó la Golondrina-. Me marcho a las Pirámides. ¡Adiós!
Y la Golondrina se fue.
Voló durante todo el día y al caer la noche llegó a la ciudad.
-¿Dónde buscaré un abrigo? -se dijo-. Supongo que la ciudad habrá hecho preparativos para recibirme.
Entonces divisó la estatua sobre la columnita.
-Voy a cobijarme allí -gritó- El sitio es bonito. Hay mucho aire fresco.
Y se dejó caer precisamente entre los pies del Príncipe Feliz.
-Tengo una habitación dorada -se dijo quedamente, después de mirar en torno suyo.
Y se dispuso a dormir.
Pero al ir a colocar su cabeza bajo el ala, he aquí que le cayó encima una pesada gota de agua.
-¡Qué curioso! -exclamó-. No hay una sola nube en el cielo, las estrellas están claras y brillantes, ¡y sin embargo llueve! El clima del norte de Europa es verdaderamente extraño. Al Junco le gustaba la lluvia; pero en él era puro egoísmo.
Entonces cayó una nueva gota.
-¿Para qué sirve una estatua si no resguarda de la lluvia? -dijo la Golondrina-. Voy a buscar un buen copete de chimenea.
Y se dispuso a volar más lejos. Pero antes de que abriese las alas, cayó una tercera gota.
La Golondrina miró hacia arriba y vio... ¡Ah, lo que vio!
Los ojos del Príncipe Feliz estaban arrasados de lágrimas, que corrían sobre sus mejillas de oro.
Su faz era tan bella a la luz de la luna, que la Golondrinita sintióse llena de piedad.
-¿Quién sois? -dijo.
-Soy el Príncipe Feliz.
-Entonces, ¿por qué lloriqueáis de ese modo? -preguntó la Golondrina-. Me habéis empapado casi.
-Cuando estaba yo vivo y tenía un corazón de hombre -repitió la estatua-, no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el gran salón. Alrededor del jardín se alzaba una muralla altísima, pero nunca me preocupó lo que había detrás de ella, pues todo cuanto me rodeaba era hermosísimo. Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y, realmente, era yo feliz, si es que el placeres la felicidad. Así viví y así morí y ahora que estoy muerto me han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar.
«¡Cómo! ¿No es de oro de buena ley?», pensó la Golondrina para sus adentros, pues estaba demasiado bien educada para hacer ninguna observación en voz alta sobre las personas.
-Allí abajo -continuó la estatua con su voz baja y musical-, allí abajo, en una callejuela, hay una pobre vivienda. Una de sus ventanas está abierta y por ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa. Su rostro está enflaquecido y ajado. Tiene las manos hinchadas y enrojecidas, llenas de pinchazos de la aguja, porque es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de raso que debe lucir, en el próximo baile de corte, la más bella de las damas de honor de la Reina. Sobre un lecho, en el rincón del cuarto, yace su hijito enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas. Su madre no puede darle más que agua del río. Por eso llora. Golondrina, Golondrinita, ¿no quieres llevarla el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos al pedestal, y no me puedo mover.
-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mis amigas revolotean de aquí para allá sobre el Nilo y charlan con los grandes lotos. Pronto irán a dormir al sepulcro del Gran Rey. El mismo Rey está allí en su caja de madera, envuelto en una tela amarilla y embalsamado con sustancias aromáticas. Tiene una cadena de jade verde pálido alrededor del cuello y sus manos son como unas hojas secas.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita - dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás conmigo una noche y serás mi mensajera? ¡Tiene tanta sed el niño y tanta tristeza la madre!
-No creo que me agraden los niños -contestó la Golondrina-. El invierno último, cuando vivía yo a orillas del río, dos muchachos mal educados, los hijos del molinero, no paraban un momento en tirarme piedras. Claro es que no me alcanzaban. Nosotras las golondrinas, volamos demasiado bien para eso y además yo pertenezco a una familia célebre por su agilidad; mas, a pesar de todo, era una falta de respeto.
Pero la mirada del Príncipe Feliz era tan triste que la Golondrinita se quedó apenada.
-Mucho frío hace aquí -le dijo-; pero me quedaré una noche con vos y seré vuestra mensajera.
-Gracias, Golondrinita -respondió el Príncipe.
Entonces la Golondrinita arrancó el gran rubí de la espada del Príncipe y llevándolo en el pico, voló sobre los tejados de la ciudad.
Pasó sobre la torre de la catedral, donde había unos ángeles esculpidos en mármol blanco.
Pasó sobre el palacio real y oyó la música de baile.
Una bella muchacha apareció en el balcón con su novio.
-¡Qué hermosas son las estrellas -la dijo- y qué poderosa es la fuerza del amor!
-Querría que mi vestido estuviese acabado para el baile oficial -respondió ella-. He mandado bordar en él unas pasionarias ¡pero son tan perezosas las costureras!
Pasó sobre el río y vio los fanales colgados en los mástiles de los barcos. Pasó sobre el ghetto y vio a los judíos viejos negociando entre ellos y pesando monedas en balanzas de cobre.
Al fin llegó a la pobre vivienda y echó un vistazo dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camita y su madre habíase quedado dormida de cansancio.
La Golondrina saltó a la habitación y puso el gran rubí en la mesa, sobre el dedal de la costurera. Luego revoloteó suavemente alrededor del lecho, abanicando con sus alas la cara del niño.
-¡Qué fresco más dulce siento! -murmuró el niño-. Debo estar mejor.
Y cayó en un delicioso sueño.
Entonces la Golondrina se dirigió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz y le contó lo que había hecho.
-Es curioso -observa ella-, pero ahora casi siento calor, y sin embargo, hace mucho frío.
Y la Golondrinita empezó a reflexionar y entonces se durmió. Cuantas veces reflexionaba se dormía.
Al despuntar el alba voló hacia el río y tomó un baño.
-¡Notable fenómeno! -exclamó el profesor de ornitología que pasaba por el puente-. ¡Una golondrina en invierno!
Y escribió sobre aquel tema una larga carta a un periódico local.
Todo el mundo la citó. ¡Estaba plagada de palabras que no se podían comprender!...
-Esta noche parto para Egipto -se decía la Golondrina.
Y sólo de pensarlo se ponía muy alegre.
Visitó todos los monumentos públicos y descansó un gran rato sobre la punta del campanario de la iglesia.
Por todas parte adonde iba piaban los gorriones, diciéndose unos a otros:
-¡Qué extranjera más distinguida!
Y esto la llenaba de gozo. Al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz.
-¿Tenéis algún encargo para Egipto? -le gritó-. Voy a emprender la marcha.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás otra noche conmigo?
-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mañana mis amigas volarán hacia la segunda catarata.
Allí el hipopótamo se acuesta entre los juncos y el dios Memnón se alza sobre un gran trono de granito. Acecha a las estrellas durante la noche y cuando brilla Venus, lanza un grito de alegría y luego calla. A mediodía, los rojizos leones bajan a beber a la orilla del río. Sus ojos son verdes aguamarinas y sus rugidos más atronadores que los rugidos de la catarata.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, allá abajo, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre una mesa cubierta de papeles y en un vaso a su lado hay un ramo de violetas marchitas. Su pelo es negro y rizoso y sus labios rojos como granos de granada. Tiene unos grandes ojos soñadores. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío para escribir más. No hay fuego ninguno en el aposento y el hambre le ha rendido.
-Me quedaré otra noche con vos -dijo la Golondrina, que tenía realmente buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?
-¡Ay! No tengo más rubíes -dijo el Príncipe-. Mis ojos es lo único que me queda. Son unos zafiros extraordinarios traídos de la India hace un millar de años. Arranca uno de ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.
-Amado Príncipe -dijo la Golondrina-, no puedo hacer eso.
Y se puso a llorar.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te pido.
Entonces la Golondrina arrancó el ojo del Príncipe y voló hacia la buhardilla del estudiante. Era fácil penetrar en ella porque había un agujero en el techo. La Golondrina entró por él como una flecha y se encontró en la habitación.
El joven tenía la cabeza hundida en sus manos. No oyó el aleteo del pájaro y cuando levantó la cabeza, vio el hermoso zafiro colocado sobre las violetas marchitas.
-Empiezo a ser estimado -exclamó-. Esto proviene de algún rico admirador. Ahora ya puedo terminar la obra.
Y parecía completamente feliz.
Al día siguiente la Golondrina voló hacia el puerto.
Descansó sobre el mástil de un gran navío y contempló a los marineros que sacaban enormes cajas de la cala tirando de unos cabos.
-¡Ah, iza! -gritaban a cada caja que llegaba al puente.
-¡Me voy a Egipto! -les gritó la Golondrina.
Pero nadie le hizo caso, y al salir la luna, volvió hacia el Príncipe Feliz.
-He venido para deciros adiós -le dijo.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -exclamó el Príncipe-. ¿No te quedarás conmigo una noche más?
-Es invierno -replicó la Golondrina- y pronto estará aquí la nieve glacial. En Egipto calienta el sol sobre las palmeras verdes. Los cocodrilos, acostados en el barro, miran perezosamente a los árboles, a orillas del río. Mis compañeras construyen nidos en el templo de Baalbeck. Las palomas rosadas y blancas las siguen con los ojos y se arrullan. Amado Príncipe, tengo que dejaros, pero no os olvidaré nunca y la primavera próxima os traeré de allá dos bellas piedras preciosas con que sustituir las que disteis. El rubí será más rojo que una rosa roja y el zafiro será tan azul como el océano.
-Allá abajo, en la plazoleta -contestó el Príncipe Feliz-, tiene su puesto una niña vendedora de cerillas. Se le han caído las cerillas al arroyo, estropeándose todas. Su padre le pegará si no lleva algún dinero a casa, y está llorando. No tiene ni medias ni zapatos y lleva la cabecita al descubierto. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.
-Pasaré otra noche con vos -dijo la Golondrina-, pero no puedo arrancaros el ojo porque entonces os quedaríais ciego del todo.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te mando.
Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe y emprendió el vuelo llevándoselo.
Se posó sobre el hombro de la vendedorcita de cerillas y deslizó la joya en la palma de su mano.
-¡Qué bonito pedazo de cristal! -exclamó la niña.
y corrió a su casa muy alegre.
Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe.
-Ahora estáis ciego. Por eso me quedaré con vos para siempre.
-No, Golondrinita -dijo el pobre Príncipe-. Tienes que ir a Egipto.
-Me quedaré con vos para siempre -dijo la Golondrina.
Y se durmió entre los pies del Príncipe. Al día siguiente se colocó sobre el hombro del Príncipe y le refirió lo que habla visto en países extraños.
Le habló de los ibis rojos que se sitúan en largas filas a orillas del Nilo y pescan a picotazos peces de oro; de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que caminan lentamente junto a sus camellos, pasando las cuentas de unos rosarios de ámbar en sus manos; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y a la cual están encargados de alimentar con pastelitos de miel veinte sacerdotes; y de los pigmeos que navegan por un gran lago sobre anchas hojas aplastadas y están siempre en guerra con las mariposas.
-Querida Golondrinita -dijo el Príncipe-, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela por mi ciudad, Golondrinita, y dime lo que veas.
Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas.
Voló por los barrios sombríos y vio las pálidas caras de los niños que se morían de hambre, mirando con apatía las calles negras.
Bajo los arcos de un puente estaban acostados dos niñitos abrazados uno a otro para calentarse.
- ¡Qué hambre tenemos! -decían.
-¡No se puede estar tumbado aquí! -les gritó un guardia.
Y se alejaron bajo la lluvia.
Entonces la Golondrina reanudó su vuelo y fue a contar al Príncipe lo que había visto.
-Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe-; despréndelo hoja por hoja y dáselo a mis pobres. Los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.
Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino hasta que el Príncipe Feliz se quedó sin brillo ni belleza.
Hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres, y las caritas de los niños se tornaron nuevamente sonrosadas y rieron y jugaron por la calle.
-¡Ya tenemos pan! -gritaban.
Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo.
Las calles parecían empedradas de plata por lo que brillaban y relucían.
Largos carámbanos, semejantes a puñales de cristal, pendían de los tejados de las casas. Todo el mundo se cubría de pieles y los niños llevaban gorritos rojos y patinaban sobre el hielo.
La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.
Picoteaba las migas a la puerta del panadero cuando éste no la veía, e intentaba calentarse batiendo las alas.
Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.
-¡Adiós, amado Príncipe! -murmuró-. Permitid que os bese la mano.
-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina -dijo el Príncipe-. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.
-No es a Egipto adonde voy a ir -dijo la Golondrina-. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad?
Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.
En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua, como si se hubiera roto algo.
El hecho es que la coraza de plomo se habla partido
en dos. Realmente hacia un frío terrible.
A la mañana siguiente, muy temprano, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad.
Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.
-¡Dios mío! -exclamó-. ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz!
-¡Sí, está verdaderamente andrajoso! -dijeron los concejales de la ciudad, que eran siempre de la opinión del alcalde.
Y levantaron ellos mismos la cabeza para mirar la estatua.
-El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado -dijo el alcalde- En resumidas cuentas, que está lo mismo que un pordiosero.
-¡Lo mismo que un pordiosero! -repitieron a coro los concejales.
-Y tiene a sus pies un pájaro muerto -prosiguió el alcalde-. Realmente habrá que promulgar un bando prohibiendo a los pájaros que mueran aquí.
Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota para aquella idea.
Entonces fue derribada la estatua del Príncipe Feliz.
-¡Al no ser ya bello, de nada sirve! -dijo el profesor de estética de la Universidad.
Entonces fundieron la estatua en un horno y el alcalde reunió al Concejo en sesión para decidir lo que debía hacerse con el metal.
-Podríamos -propuso- hacer otra estatua. La mía, por ejemplo.
-O la mía -dijo cada uno de los concejales.
Y acabaron disputando.
-¡Qué cosa más rara! -dijo el oficial primero de la fundición-. Este corazón de plomo no quiere fundirse en el horno; habrá que tirarlo como desecho,
Los fundidores lo arrojaron al montón de basura en que yacía la golondrina muerta.
-Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad -dijo Dios a uno de sus ángeles,
Y el ángel se llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.
-Has elegido bien -dijo Dios-. En mi jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz repetirá mis alabanzas.
El príncipe feliz Oscar Wilde ; traducciones de Julio Gómez de la Serna y E.P. Garduño

jueves, 31 de julio de 2008

SALMOREJO SIN COMPLEJO

La primera regla para comenzar a cocinar es no contar calorias así que iniciamos nuestra tarea en el cuarto de baño. Cogemos la bascula y la tiramos en el contenedor de basura mas cercano. ¡Eso si! tiene que ser el contenedor para reciclar electrodomesticos. Antes quitamos las pilas que iran a su lugar correspondiente y una vez cumplido con el medio ambiente, la conciencia tranquila y sin mirarnos los michelines volvemos a casa e iniciamos nuestra tarea.
Preparamos la cocina. Imprescindible una radio o similar y un ventilador.
Importante es también saber quien va a comer lo que cocinemos. Hay que repasar bien la lista de invitados. La suegra no toma sal, el novio de la cuñada es vegetariano, y ella está a dieta. ¡que les den! Aqui se come lo que yo haga. Si yo luzco lorzas, mi cuñada tambíen, y la madre de mi marido bien puede pasarse un día, total ya va durando demasiado.
Ingredientes:
Una copa de buen vino o una cerveza fresquita, depende de si estamos a 20 grados o a 30.
un kilo de tomates, bien rojos y maduros.
2oo gramos de pan del día anterior.
250 gramos de aceite de oliva virgen extra (este es el principal motivo por el que hay que tirar la bascula)
vinagre
sal (a la suegra le contamos que la compramos en el herbolario y nos deja en paz)
un diente de ajo.
Elaboración:
Ponemos la radio y buscamos buena música (prohibido cadena cien, corta el aceite y estropea el salmorejo.) También vale Gomaespuma, pero corres el riesgo de quedarte sin un dedo si te da la risa floja.
Encendemos el ventilador. Nos echamos la cerveza o el vino. Nos lo tomamos tranquilamente, hay tiempo de sobra.
Pelamos los tomates y los troceamos, desmigamos el pan, y lo ponemos en el vaso de la batidora
junto con el vinagre y un poco de aceite. trituramos y poco a poco vamos añadiendo el aceite restante. Se añade a hilo como si fuera una mayonesa, para que emulsione bien. Se deja muy finito.
Subimos el volumen de la radio que ponen "Tutti fruti" de Little Richard y ¡a bailar que eso quema calorias! Seguimos así un rato y cuando estemos agotadas nos acercamos al ventilador, limpiamos la gotita de sudor que nos baja del cuello y de nuevo a la faena.
¡Anda, si ya está casi listo!, solo esperar para servir bien frio, con huevo cocido y trocitos de buen jamón. Otra variante es ponerle bacalao ahumado en lascas finas o trozos de melva. Un chorreón de aceite y listo.
Se puede hacer en la Termomix, sale igual de bueno pero te quedas sin cerveza, sin baile y si gomaespuma. No compensa. ¡Que aproveche!
En la cocina que me ha preparado Aratz he dejado un plato para cada uno.
besos