lunes, 19 de octubre de 2009

Wiegala, wiegala, weier,



Wiegala, wiegala, weier,
der Wind spielt auf der Leier.
Er spielt so süss im grünen Ried,
die Nachtigall, die singht ihr Lied.
Wiegala, wiegala, weier,
der Wind spielt auf del Leier.

Wiegala, wiegala, werne,
der Mond ist die Laterne,
er steht am dunklen Himmelszelt
und Schaut hernieder auf die Welt.
Wiegala, wiegala, werne,
der Mond is die Laterne.

Wiegala, weigala, wille,
wie ist die Welt so stille !
Es stört kein Laut die süsse Ruh,
schlaf, mein Kindchen, schlaf auch du.
Wiegala, wiegala, wille,
wie ist die Welt so stille !

(Wiegala, wiegala, weier,/ el viento toca la lira. / Toca dulcemente entre los juncos verdes./ El ruiseñor canta su canción./ Wiegala, wiegala, weier,/ el viento toca la lira.// Wiegala, wiegala, werne,/ la luna es una linterna/ en el fondo negro del firmamento,/ desde allí mira el mundo./ Wiegala, wiegala, werne, / la luna es una linterna.// Wiegala, wiegala, wille,/ ¡qué silencioso está el mundo!/ Ni un solo ruido turba la paz,/ tú también, mi pequeño, duerme./ Wiegala, wiegala, wille,/ ¡qué silencioso está el mundo!]



Ilse Weber

Su apellido natal era Herlinger. Creció en un ambiente multicultural. Asistió a clase en un colegio alemán, pero tuvo también contacto con checos y polacos, pues su madre regentaba un café, en que, más adelante, Ilse ayudó a su madre. Empezó a escribir a la edad de 14 años, por ejemplo cuentos infantiles judíos o pequeñas obras de teatro para niños. Se publicaron en diferentes periódicos y revistas alemanas, checas, austríacas y suizas. En 1930 se casó con Willi Weber.
Con la llegada de los nazis al poder, muchos de sus amigos emigraron. Ella y su marido no quisieron hacerlo. Consiguió que su hijo mayor, Hanus, saliera hacia Suecia, a casa de unos amigos. Pero ella, su marido y su hijo pequeño fueron llevados a Praga. De allí, el 6 de febrero de 1942 fue deportada a Theresienstadt. Allí, separada de su marido y su hijo, trabajó como enfermera en la enfermería pediátrica durante dos años. Compuso numerosos poemas que cantaba a los niños y a los ancianos como nanas.
En 1944 fue llevada con su hijo y los niños del asilo a Auschwitz. El 6 de octubre de 1944 fue asesinada en el campo de concentración de Auschwitz, junto con su hijo Tommy. Se dice que camino de la cámara de gas iba cantando a los niños una nana que ella misma había compuesto (Wiegala).
En Theresienstadt escribió el libro de poemas In deinen Mauern wohnt das Leid (En tus muros habita el dolor), que no se publicó hasta 1991.
Su marido sobrevivió a los campos de concentración, aunque gravemente enfermo. Fue él quien reunió las obras de Ilse y las publicó.

Wikipedia



Cuando, en febrero de 1942, Ilse Weber (1903-1944) fue concentrada con su esposo y el más pequeño de sus dos hijos en el ghetto de Theresienstadt, era ya una reputada escritora especializada en el mundo infantil.[1] De hecho, hasta que en octubre de 1944 fue deportada con su hijito a Auschwitz, dedicó el tiempo que duró su forzada residencia en el infierno a paliar, como enfermera jefe y animadora cultural, el desastroso estado de salud y el tremendo desconcierto vital de los niños que esperaban en el ghetto su turno de morir. Ellos, y las circunstancias dramáticas en que su vida se abrasaba, siguieron siendo los principales protagonistas de sus versos, a los que despojó voluntariamente durante su cautiverio de cualquier perturbación lingüística que debilitara la comunicabilidad de una escritura nacida con una sólida vocación de realismo. La poeta checa hace, en este sentido, un verdadero ejercicio de contención, reduciendo el lenguaje poético a los márgenes estrictos del lenguaje hablado, y situando en la anécdota la fuente primordial de la emoción literaria: la tensa relación entre la sobriedad antiretórica de la expresión y la dramática circunstancia que le sirve como punto de partida, multiplica los efectos emocionales de la vida contada hasta límites sobrecogedores, y convierte el dolor en un dolor más ancho y en un seco lanzazo de verdad. Su poesía, en este sentido, no quiere trascender la realidad, sino ser «testimonio» de una vida sometida a “cerco” que se manifiesta –literariamente– no como una tragedia personal sino como una experiencia compartida de orfandad que aglutina a los seres en un “yo” poético colectivo cuya cualidad viene dada más por las circunstancias que en común se soportan que por la conciencia de pertenecer a un pueblo –el judío– perseguido por la fatalidad. Un cerco, en fin, del que no puede aceptarse otra “salida” ni otra liberación que la deportación definitiva hacia la muerte.


[1] Ilse Weber nació en 1903 en el seno de una acomodada familia judía partidaria de la «emancipación», en la ciudad morava de Witkowicz. Ya en la adolescencia comenzó a escribir cuentos, teatro y poesía para niños, que serían publicados tanto en su patria checoslovaca como en Alemania, Austria y Suiza, al tiempo que dedicaba su tiempo libre a la traducción de textos literarios. En 1930 se casó con Willi Weber –que había regresado de Palestina enfermo de malaria–, con quien tuvo dos hijos. Ante la creciente presión de los fascistas checoslovacos, Elsa y su familia tomaron la decisión de trasladarse a Praga en 1939 y de enviar a su hijo mayor a Suecia, al cuidado de una amiga. Fue el único que se salvó.

Carlos Morales- Literatura del Holocuasto



La siniestra historia del campo modelo de Theresienstadt o Terezin es suficientemente conocida. La música de los más importantes músicos checos que allí fueron confinados antes de su deportación a Auschwitz para su gaseamiento (Pavel Haas, Viktor Ullmann, Hans Krása) se ha ido rescatando en los últimos años, junto a la de otros compositores que fueron igualmente asesinados por el régimen nacionalsocialista alemán. Menos célebres son algunos de los nombres que también recoge Anne-Sofie von Otter en este conmovedor disco dedicado a las víctimas de Terezin, como Karel Svenk, Adolf Strauss, Carlo Sigmund Taube o Ilse Weber.


El disco, que ha caído accidentalmente en mis manos , es realmente conmovedor, y quería compartirlo con vosotros.




domingo, 11 de octubre de 2009

LUÍS AGUILÉ




Un tío grande.

jueves, 1 de octubre de 2009

Fútbol en Palermo


I

Llegada a Palermo: 23'00 h de la noche hora local. Calor sofocante. Humedad. Coches de alquiler: agotados. Objetivo: llegar al hotel, en el centro de Palermo. ¿Solución? El taxi.

Los taxistas en Palermo son atracadores institucionalmente aceptados: le llevan a uno a 150 km/h por carreteras donde marca 80, por el carril de adelantamiento, y con dos motos adelantando a su vez por el minúsculo arcén, para acabar cobrándole al pasajero la friolera de 60 euros por una carrera de 30 km. Verídico. Sobra decir que una e non più, Santo Tomasso.




II
En Palermo hay trescientosmil doscientos noventayocho españoles sueltos por sus calles, aguantando la caló durante el pomeriggio y parlando a un volumen que supera en 50 dB al de cualquier italiano de Rimini, lo que puede llegar a ser un tanto molesto. Pero hay cosas peores. Comentarios del tipo de "estos hoteles en Madrid serían de tres estrellas y no de cuatro", que acaban por regla general en una exposición de lo malísimo que es todo ahí y lo buenísimo que es todo allí. Pues si tanto te disguta te quedas en tu casa, anormal. Algún día aunaré valor para decir esto en voz alta.


III

Palermo: años de ocupación árabe, normanda, teutona y española han conformado su estampa. Tan multicultural, peligrosa y atractiva como Mos Eisley. Un avispero lleno de mierda y belleza a partes iguales. Barrios enteros de casas en la más completa ruina y, de pronto, un larguísimo Mercedes-Benz negro y brillante doblando la esquina.










IV
Beatos, tramposos, salerosos, embaucadores, inteligentes, desconfiados. Así podría uno pensar que son los habitantes de Palermo, realizando un trazo grueso con la brocha gorda. Me explicaré. La primera noche, nada más llegar a la habitación del hotel y pegarme una ducha regeneradora después de 12 horas de vuelos y aeropuertos, me fui a cenar con un hambre mortal pero más solo que la una. Era medianoche y tampoco albergaba yo muchas esperanzas de encontrarme nada abierto. Craso error. En Palermo, 700.000 habitantes la contemplan, hay vida nocturna. Busqué una trattoria. Un plato de spaghetti ale vongole, un filete de pesce spada, un gelatto y mezzo litro di vino bianco della casa. El camarero, con perilla y gesto vacilón, pensándose durante un minuto si me servía o si no. La mesa de al lado, ocupada por media docena larga de sicilianos de mediana edad charlando de sus cosas tras la cena. Los bambini sentados a la mesa, muy formales para mi sorpresa. Aburrido como estaba - sé que no está bien pero... - puse atención en la conversación que se traían. Al principio no entendí ni papa. Eso de que el italiano es molto facile... Amico mio, lasciatemi racontare... Pero ya cuando le estaba perdiendo el interés porque llegaban al fin los spaghetti a la mesa, pillé al vuelo la palabra "austroungaro". Creo que en italiano se escribe senza "h". A partir de ahí entendí Napoleón y entendí Garibaldi. Y me fui hilando mi particular historia, que seguro que no sería la traducción correcta. Pero desde luego no era la esperada en un principio. Los gestos de la mano, con los dedos tocando el pulgar, por supuesto. El tono cantarín. Lo demás, alejado de los tópicos.


El camarero, pelín lento en el servicio pero con un gracejo innato y media sonrisa de hijoputa, terminó hablándome de fútbol. Me preguntó por mi equipo: ¿Madrid? No. ¿Barcelona? Menos aún. Hasta ahí, todo normal. ¿Bilbao? ¡¿Cómo que el Bilbao?! El tercer equipo de la liga española que le vino a la mente a ese buen hombre fue el Athletic. La verdad es que me reí mucho, pero en términos amistosos. Una vez confesadas mis filias futbolísticas, hablamos de Xabi Alonso, de Darko Kovacevic y de los buenos tiempos de la Real Sociedad. ¡Volveremos a primera, joder!

Por cierto, el coperto se paga aparte. Y la propina también. Saben latín.

martes, 29 de septiembre de 2009

¡FELIZ SAN MIGUEL!



¡Deja de estudiar!

¡Deja de limpiar!

Y sobre todo....

¡Deja de cosechar!

Canta, baila, ríe, besa, abraza, haz locuras…. ¡Disfruta! Porque hoy es un día especial en Hatunia, es San Miguel, patrón de artistas, soldados, marineros y fabricantes de espadas, así como, protector en las batallas y contra los peligros del mar.


Sin duda nuestro San Miguel no nos debe proteger de los peligros del mar, ya que el agua, el mar oceánico es nuestro hábitat natural, el lugar donde los hatunes nos desenvolvemos mejor, aunque algunos de nosotros se hallen en tierra adentro.


Hoy os invito a brindar todo el día, a que os pegueis una buena comilona, por nosotros, por los hatunes que como los distintos cristales de colores de esta vidriera, representamos un crisol de culturas, costumbres, personalidades y hasta nacionalidades, todos necesarios y complementarios para formar nuestro pequeño mundo perfecto y utópico.


Os propongo que en las próximas 24 horas olvidemos los problemas, los dejemos aparcados y festejemos el habernos conocido. Colgad música, haced bromas, reíros de vosotros mismos, banead a todo dumpy que se ponga por delante y todo ello bajo la protección de nuestro querido y festivo San Miguel.

Va por vosotros, amigos:

lunes, 28 de septiembre de 2009

Noches de Ortigia

Me la habían contado muy diferente. A mis ojos se apareció sugerente, nocturna, lunar. No sabría decir si es africana, griega, judía, árabe, italiana… En la neápolis de Siracusa, en tierra firme, se halla uno de los vestigios griegos mejor conservados. Un conjunto formado por el teatro y el Orechio di Dionysos: la Oreja de Dionisio, la que el tirano hizo cavar en la roca a sus esclavos, y por la cuál se dice que en ocasiones los espiaba. Pero el meollo de la ciudad está en la isla de Ortigia. Una mezcla de bullicio y tranquilidad cuasi africanas. Sus construcciones en piedra blanca guardan un aroma veneciano, pomposo y atractivo, y por la noche la vida estalla como en fuegos artificiales en la piazza del duomo. El duomo: antiguo templo dedicado a Atenea, posteriormente a Minerva... Más adelante mezquita. Hoy en día, catedral. Muy cerca de éste hay templos más antiguos. Uno de ellos el de Apolo, dios del Sol. Y muy cerca de aquél, una fuente dedicada a su hermana, la diosa de la Luna. En las inmediaciones del santuario dedicado al dios del Sol, de la Música y de las Artes hay otro templo. Este de los sentidos. Los langostinos mejor preparados y más frescos que he tomado en mi vida, han sido los que tuve la fortuna de probar en el Apollonion, un local minúsculo, a pie de callejón, que regenta Carlo. Una verdadera orgía de sabores mediterráneos: pan de orégano y aceite de oliva, pulpo, gambas insuperables, gamberoni fresquísimos, cigalas, bogavante, ostras, calamar relleno, dorada… Regado del fabuloso vino blanco siciliano. Porque si bien es el Nero d’Avola el que ha ido ganando en prestigio con los años, es el blanco el más arraigado, del que se extraen caldos tales como el Vigna di Gabbri o el Colomba Platino. Gastronomía aparte, el antiguo centro de la ciudad, presenta aún otra maravilla. Una fuente natural de agua dulce que permitió a los siracusanos resistir al bloqueo ateniense. Y es junto a esta fuente donde crecen de forma espontánea los únicos papiros en todo el continente europeo. Pero esta no es la única peculiaridad del manantial. Cuentan los siracusanos que hace muchos siglos, cuando el mundo era plano y los dioses pisaban la tierra, había una ninfa muy bella que llevaba por nombre Aretusa. Con su sonrisa y su esbelta figura encandiló a Alfeo, el dios del río del mismo nombre, que vivía en la opulencia y pensaba que la podría ganar con sólo proponérselo, olvidando que Aretusa había jurado castidad y seguir al séquito de Artemisa. La ninfa no sabía qué hacer y pidió ayuda a su señora, quién la transformó en un manantial. Aretusa corrió pues bajo el mar Jónico hasta aparecer en la isla de Ortigia, donde desde entonces surte de agua potable a sus habitantes. Pero Alfeo, el río, no se dio por vencido y corrió hasta dónde ella estaba y sus aguas se fundieron al fin en un abrazo. Siracusa. Un misterio.