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miércoles, 25 de marzo de 2009

UNA HATUNA DE EXCURSIÓN


Comienza esta historia un día cualquiera, en la actual aburrida vida de una hatuna "boquerona", que por causas del destino, tuvo que volver a Granada para ahorrarse unos eurillos.

La hatuna boquerona (no confundir con las boqueronas sirenas), enamorada de la tierra gaditana, desde que era un pequeño alevín, decidió sugerirle a su madre realizar una excursión a esas maravillosas tierras. La madre de la hatuna, es bastante viajera, por lo que aceptó encantada. A su vez, la hatuna, que se llama Catiti, tenía una amistad algo extraña, pero muy apreciada por ella, con otra de su misma especie vecina de "la tacita de plata".

"¡Pardiez! ¡Qué alegría! Si la hatuna gaditana (que se llama Lorielana) quisiera, una tarde muy dichosa podría con mi amiga pasar y al fín, en mis brazos estrechar." - Eso fue lo que la aburrida Catiti pensó y no tardó en expresar su idea a su acompañante en el viaje y, por supuesto, a su congénere Lorielana.

Enseguida ambas amigas, que nunca antes se habían visto, salvo en foto, comenzarón a hacer planes y a compartir su alborozo. Era tal el nerviosismo y la ilusión que sentían, que iban contando los días.

Y llegó el momento planificado. Esa mañana, la hatuna Catiti se despertó temprano. -"¿Qué me pongo? ¿Qué me pongo? ¿Decepcionaré a mi amiga?"- Eso se decía Catiti justo antes de partir. En Málaga, desde donde salía, la mañana estaba triste, gris y casi llovía. Qué mala pata, un día tan esperado y el tiempo no acompaña. La madre de Catiti, fiel compañera de viaje (¡más maja!) y optimista empedernida, a su hija decía que no desesperara, que a la vuelta de Tarifa, seguro el tiempo mejoraba. Así partieron las dos, Catiti ilusionada, mientras su madre, más sensata, así pensaba: "Mi hija se ha vuelto loca y quizás, algo friki, aunque le seguiré el juego, así aprovecho y .... me paseo".

Rumbo sur pues, tomaron las dos, recorriendo toda la Costa del Sol. Costa maravillosa, aunque a veces tan maltratada por, como en otros muchos sitios, tipejos avariciosos... mejor paso a otra cosa.

Marbella, Estepona y de Casares, la costa, iban recorriendo y admirando el paisaje. Subiendo cuestas y bajando pendientes, pasaron por Sotogrande allá donde desemboca el Guadiaro. Ya por fín se encontraban en tierras gaditanas, ausentes a las polémicas de aquellos que Algeciras y Cádiz desean en dos provincias separar.

Tras el trajín algecireño, llegaron a una carretera verde y sinuosa, cuajada de curvas, algunas peligrosas, que parecían hacerlas chocar con unas torres muy curiosas. Altas y blancas columna, con tres aspas en la cúspide, que de verde envidia tornarían a aquellas que a nuestro quijoten frustraron la embestida.

Mientras, hatuna y compañía, del paisaje disfrutaban y además, el sol... ¡salía!.

- "Ya te lo dije, hija mía, que no mas llegando a Tarifa, el tiempo cambiaría".

-"¡qué coraje! ¡qué coraje! estas madres siempre del tiempo y de todo, adivinan".

Esos eran los pensamientos que a sus mentes distraían. Así fueron pasando por los pueblos y sus maravillosas vistas, que la costa gaditana nos ofrece con cortesía.

Al fín llegaron a Cádiz y aunque abundante tráfico había, no importó, ya que así todo mejor se veía. El coche dejaron aparcado, ¡Ay, Loreilana, qué pesadilla! tu ciudad necesita más parkings, chiquilla.

Y acortando que es gerundio, llego por fín al asunto. Si hatuncillos míos queridos, ya os narro el encuentro prometido.


Encontrábase la hatuna malaguita en el sitio acordado (cuyas coordenadas GPS son secreto de estado), haciendo alguna foto para ilustrar el relato, y así, degustando un café distraída se hallaba, cuando....."¡Noooo! se me ha caído todo el café encimaaaa...". -"Nada hija, así en toda tu salsa, te conoce tu amiga". -"La verdad, razón, no te falta, pues conocida soy por derramar, de café, todas las tazas".

Tanta preocupación por causar buena impresión a su amiga y la muy torpe hatuna boquerona (sin duda la más torpucia de todo el ejército hatuniano), va y se derrama un café enterito poco antes del feliz encuentro.


- "Desde luego, algo bueno tiene el asunto, de poleísta, al menos, no me acuso".


En esas estaba Catiti, cuando vió a su preciosa amiga. Ambas hermanas-hatunas en un gran abrazo se fundieron, pues aún siendo la primera vez que se veían, en su corazón, como una antigua amistad se sentían.

Un paseo muy agradable, dieron por Cádiz, apreciando sus calles y plazas. Qué felices se veían, cuántos temas por tratar, qué rápido, cuando se disfruta, el tiempo pasa. Tomaron café, sí, café, ni poleos, ni otras vainas. Ahí teneis la prueba de que ni Catiti, ni Lorielana, de poleos tuvieron ganas.


A la plaza de La Mina, llegaron de paseo, cuando, de repente, Lorielana advirtió a su amiga de un deseo. No creais que dicho deseo, de Lorielana era capricho, se trataba de un presente para su amigo argentino. Ahí tienes querido Carlos, una foto para tí, que me dijo Lorielana seguro te haría feliz.





Por el parque de La Alameda decidieron caminar y nombrar tierra hatuna oficial a ese maravillosos y plácido lugar. Escondió, pues, Lorielana, un papel tal como veis, firmado por las dos amigas y proclamando lo anterior.


De sus hatunes queridos se acordaron, de todos sus preciados hermanos, a los cuales sin dudarlo desearían haber tenido a su lado. Aquí teneis la única foto que Lorielana me ha autorizado.

Pero el tiempo, maldito tiempo, con su caprichoso compás, tic-tac, tic-tac, recordaba a las hatunas que se debían separar. Más abrazos y besos, de corazón sentidos, allí no hubo lugar al "jejé" por compromiso y así, las dos amigas, se despidieron, prometiendo, sin duda, futuros encuentros.


Lorielana, caminando a su casa regresó, frente a La Caleta a su amiga dijo adios. Y así, terminó ese día en que dos amigas se conocieron al fín.


Y colorín, colorado, este cuento.... aún no ha acabado.