martes, 25 de febrero de 2025

UNDER MY THUMB

De los límites de Europa ya escribí unas líneas hace un tiempito. Y, pasados tres años, no me arrepiento de una sola línea. También es cierto que la guerra de Ucrania -la actual- ha seguido un curso previsible para cualquiera que tuviera ojos en la cara, supiera interpretar un mapa y tuviera una mínima noción de Historia. Constato, por tanto, que éste no es el caso de la mayoría de opinadores en los medios de comunicación occidentales. Y esto, por lo que me toca, me resulta doloroso. Principalmente por quienes los leen, los oyen y forman su opinión a través de ellos. 

Pero más allá de la pena que me provoca el 95% de los periodistas a los que se les da voz en el panorama patrio y allende nuestras fronteras, lo interesante es ver qué va a pasar ahora, que parece que los principales agentes involucrados en la guerra de Ucrania están a punto de fumar la pipa de la paz. Y entre los que se la van a fumar resulta que no está invitado Zelensky. El niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro al que le fallan las cuentas. Dice que le faltan cien mil millones de dólares. Sí, ese presidente ucraniano, antes llamado Vladímir y ahora, desde la invasión rusa, bautizado como Volodimir, por eso de que -¡oy, vey!- no se le identificara como rusófono, sino ucraniano de pura cepa (Dios sabrá lo que es eso).

Tampoco los europeos podrán fumar, ni pipa ni puro ni cigarrito de después, por mucho que, en el fondo, nos hayan estado sodomizando todo este tiempo. Lo prohíbe alguna normativa medioambiental, ecosostenible y resiliente, seguramente, firmada por la bruselópoda Von der Leyennée Albrecht.

No podrán tomar parte, digo, los procónsules europeos en esos tratados de paz, porque, aunque parece que no se enteran, son muy conscientes de que, en realidad, y desde 1945, están bajo el yugo de otros. Porque, aunque Churchill y De Gaulle se apuntaran el loable tanto de que a sus respectivos países se los reconociera por unos años como "potencias" ganadoras tras la 2ª Guerra Mundial, la cruda realidad imperial se ha terminado imponiendo. Y, además, cosa que en España sabemos desde tiempos de Viriato, "Roma no paga traidores". Eso va por Francia, que gusta de cacarear y pavonear las cuatro plumas -ojo, nucleares- que le quedan. El caso británico es diferente, que para eso son una isla, para eso conducen por la izquierda, para eso comparten lengua con el primo de Zumosol, y para eso son sus más leales pajes.

Pese a que el autómata narciso que nos lacera con sus embustes diga que España - que no sabe ni lo que es- va "como un cohete", incluso en los medios propagandísticos españoles reina un extraño consenso en llamar a Alemania la "locomotora europea", por eso del Wirtschaftswunder de los años 50-60, el llamado "milagro económico alemán". Otro topicazo, en este caso made in Germany. Y el caso es que, ciertamente, tras la crisis del petróleo de los 70 -y los socialdemócratas en el gobierno-, se retomó el éxito económico en los 80-90-00... y quieto parao, que como levantes más la cabeza, ¡te la cortamos de nuevo!

¿Pero no habíamos quedado en que los alemanes ya no íbamos a fabricar tanques? Bueno, quizá para vendérselos a otros, pero, virgencita luterito, luterito, no para usarlos nosotros. Que estábamos en el mundo del fin de las ideologías, del fin de la Historia -como decía Fukuyama-, del triunfo de la Democracia Liberal, del Libre Comercio y de la Economía de Mercado. ¡Que el marco alemán ahora se llama euro y se había comprado al resto de economías continentales! Libre Mercado se llama eso, hasta que los americanos te rescatan Lehman Brothers y te dicen que la deuda pública de tu país se ha disparado. ¡Los americanos diciendo que en Europa debíamos pasta! The days that we have seen!



No contentos con eso, los anglosajones regañaron a Alemania -vía The Economist et alii- a base de leyenda negra, para que asumiera que debía cargar con el peso de las economías de países que se habían pegado un castañazo, como pasó con Grecia, Portugal, Italia, y, ay, España. Fueron los ingleses, por cierto, a quienes les faltó tiempo para sembrar la cizaña, un minutito antes de abandonar el barco europeo, y bautizarnos como pigs, por cierto. Esa fue, visto en perspectiva, la primera crisis europea de relevancia. El inicio de la Desunión Europea, coincidente con el auge chino. DIVIDE ET IMPERA.

Y mira que los alemanes hemos sido disciplinados. Hasta cuando tocaba lo de la ecología, que arraiga en Alemania y da ese final japifloro* a la Guerra Fría al compás de la balada de los Scorpions. Sí, hombre, cuando coreábamos todos eso de Atomkraft? Nein, Danke!


(Porque, no pensaríais que ese logotipo era un invento local, ¿verdad?)

Por mor de la ecología y por supuesto amor al planeta -pese a llenarlo de aerogeneradores y placas solares, horror estético y filfa energética a un tiempo-, cumplieron con el objetivo que vaya a saber Ud. quién diablos les marcó. ¿Diablos? Sí, esos del World Economic Forum, seguramente, con el maligno eslogan de "no tendrás nada y serás feliz". Y los alemanes se empeñaron con su proverbial tenacidad en destruir su industria, la que les había hecho grandes de nuevo: la automovilística. Las autopistas, en su gran mayoría, las inauguró para sus propósitos -también bélicos- el pintor austríaco. Pues bien: Greta Thunberg dijo -entre vuelo transoceánico y vuelo transoceánico- que eso dejaba una huella de carbono tremenda y que "tuso, tuso". Si, además, ¡Alemania no tiene petróleo ni gas ni uranio ni tierras raras (tiro de mi viejo libro de Química Inorgánica para esto: escandio, itrio y los quince elementos del grupo de los lantánidos -lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio-)! El proverbial sol teutón (?) nos calentará. Y el viento soplará y soplará, y nuestra industria moverá... si el decrecimiento malthusiano nos lo permite. Y, si no sale bien, habrá que ir a por madera a Siberia, como bien predijo el autócrata ruso.

Y claro, sin ejército que haga el paso de la oca, ni armas nucleares, ni virus en la recámara... si, además, te hacen la envolvente con el complejo de culpa por el pasado de sus bisabuelos ya enterrados y dejas entrar un millón y medio de sirios, afganos e iraquíes difícilmente integrables en Occidente; si renuncias a tu poderío económico y EE.UU. te cierra la llave del gas -véase la muy misteriosa explosión del gasoducto Nordstream 2-, como ya avisó el tío Donald, ¿qué le queda a la potente locomotora alemana? Carbón. Y no tenemos ni para el cigarrito de después, como decía antes.

Así que calculo que ya tenemos, Gran Coalición mediante, para tirar otros 30 añitos bajo el pulgar del Americano, si el tercero en discordia le deja: el Chino.


martes, 5 de noviembre de 2024

EL ETERNO RETORNO

Siempre regresamos a los sitios a los que alguna vez hemos ido. Siempre tropezamos con la misma piedra. Siempre nos engañan los mismos. Siempre creemos que la siguiente ocasión será diferente. Y seguimos picando.

A cada uno le engañan unos. Los suyos, habitualmente. El famoso dicho de "la primera vez que te engañan es culpa del mentiroso, pero las siguientes veces es culpa tuya" es un ejemplo de lo interiorizado que tenemos la ubicuidad de los tartufos y lo pisoteada que está la Verdad.

A mí me han vuelto a engañar, pero no han sido esos que dijeron a diestro y muy siniestro que salíamos más fuertes. Tampoco me han engañado los pusilánimes que, en ese instante, hacían macramé, jugaban a disidencia y pastoreaban su rebaño, hacían alarde de defender causas loables, pero sólo bailaban al compás de los primeros.



¿Quién me ha engañado entonces? El peor de todos. Al que siempre quiero creer, porque ése no me puede estar engañando. Yo mismo. Por pensar que no volvería a pasar, que la vida no es una cinta de Moebius, sino una línea recta, eterna y perfecta. Me engaño creyendo que la Justicia prevalece, que el Bien triunfa sobra el Mal, que los malos arderán en el Infierno. Esa esperanza, como en el mito de Pandora, anida en mí. ¿Para bien? Ahora mismo no lo tengo claro. Quizá bajo el velo de la desgracia, cual viejo senescal de Gondor, esté contemplando la verdad, sólo por un instante, antes de que mi juicio se vuelva a nublar y crea de nuevo en los finales felices, como en los cuentos de hadas que tanto me gustan. ¿Me habré estado engañando a mí mismo por haber creído en el Bien, la Belleza, la Verdad y la Justicia? Porque, pese a que de los círculos del Infierno sabía más Dante, lo que sí sé es que los idiotas nos abrasamos y nos llenamos de estiércol en vida. Del propio y del que nos tiran encima. O quizá eso que parece la claridad es, en realidad, la desesperación, el descreimiento, la fatalidad, el pesimismo, el sombrío bosque del que el citado Dante consigue salir gracias a la guía de Virgilio.

Porque Dante, de la mano del poeta latino, y a través de la búsqueda de su Beatrice, del Amor, de Dios -el Ideal-, encontró la salvación. Aunque fuera, literaria, que no es poco. Porque esos valores -καλοκαγαθία- sí son rectos, eternos y perfectos, y, por tanto no nos los pueden arrebatar. Resumiendo, hay que aguantar. Por salud mental. Por encontrar la paz de espíritu. Ahora bien: el sometimiento a mensajes contrarios al sentido común es un tipo de tortura del alma, y algunos se empeñan en ello 24/7. Y no termina la tortura psicológica en que le digan a uno que hace sol cuando en realidad llueve, que ¡están haciendo todo lo posible!

Los métodos que están aplicando en estos siete días van desde obligar a presenciar el sufrimiento de seres queridos, la petición de que nos convirtamos todos en suplicantes (si necesitan más recursos, que los pidan), y, sobre todo, la burla constante, el trato vejatorio a los familiares de los fallecidos (aquí no se va a permitir el acceso de los familiares), los insultos al honor de quienes acuden a al auxilio, y la exasperación repetida y deliberadamente provocada.

Mensajes contradictorios, carentes de lógica, nos inundan, cual lodo. La lógica con la que se debe regir una mente sana me dice que el Ejército debía haber entrado en Valencia, como en su día lo hizo en Bilbao, con 8.000 efectivos a las 24-48 horas de la catástrofe. No fue un gobierno autonómico quien gestionó aquello, en 1983, porque literalmente desbordaba sus capacidades y competencias. Si entró el ejército en aquel Bilbao de los 80, ¿por qué no lo envió Pedro Sánchez a Valencia en 2024?

Una catástrofe que, por otra parte, lejos de ser el heraldo del Apocalipsis climático, como se nos quiere hacer ver desde una Alemania en caída libre, viene ocasionada por un fenómeno meteorológico que se repite cada 30-50 años desde hace muchos siglos. Y lo peor es que, como señaló Libération, era evitable


Mediante diversas acciones: construcción de presas, limpieza de los cauces de los ríos, no edificando sobre terrenos inundables, con una comunicación más eficaz... Pero entre la empanada verde bruselense, la derogación de Zapatero de la creación de una presa en Chestela desidia funcionarial, los excesos catastrofistas a los que vivimos sometidos desde Greta, y un personajillo ridículo como Mazón, con el pañal desbordado, entre todas, digo, la mataron y ella sola se murió.

La pútrida guinda del pastel de mierda me parece este comunicado emitido por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social -su mero nombre es una oda a la Lingua Tertii Imperii, algo orwelliano, o directamente totalitario-. Me parece un deseo y una intención, qué digo, ¡un alarde!, de que las pestes -el Mal- se propaguen. Lo siento, pero no encuentro otra explicación. 


Que sus esbirros quieran salvar al Líder Supremo -el Uno, el César Augusto, Su Sanchidad, la última Coca-Cola en el lodazal- es un propósito loable, qué duda cabe, pero hasta el punto de despreciar los peligros para la salud pública y mearnos a todos en la cara, me parece un exceso, incluso para ellos. Pero vuelvo a estar engañado, porque son capaces de eso y de mucho más.



viernes, 13 de octubre de 2023

CUARENTA

¿Sólo una cifra? Algo más. Cuarenta días dura la Cuaresma. Cuarenta días anduvo el Nazareno errante por el desierto antes de lanzarse a proclamar el Evangelio. La herencia es talmúdica, por supuesto, al igual que los cuarenta años de éxodo mosaico, los cuarenta días que duró la estancia del profeta del carro de fuego en el monte Horeb, los cuarenta días que Noé se refugió en el arca durante el Diluvio Universal, los cuarenta años que reinó el prudente Salomón... Es cuarenta, por tanto, una cifra asociada al sacrificio, a la purificación, a la transformación hacia lo sagrado.

De sacrificios de todo tipo está plagada la Torá. Y los cuatro Evangelios canónicos, por supuesto, son una sinfonía que celebra la ofrenda del cordero de Dios, "que quita el pecado del mundo", como se decía cuando íbamos a misa. El bouc emissaire, del que hablaba Girard. Se trata de una purga del más débil entre los suyos, un ejercicio extremo de violencia llevado a cabo por una comunidad con objeto de renacer fortalecida. Salimos más fuertes, ¡qué gran eslogan!

Matar a una persona puede ser muy fácil. Más aún si es débil, pensará alguno. Discrepo absolutamente, pero no quiero adelantarme. Ahora bien, evidentemente es más fácil cometer cualquier crimen si se puede automatizar el proceso, desdramatizarlo, alejar el foco, apretando simplemente un botón en un punto distante -quizá desde las alturas- para, a continuación, borrar del mapa diez, cien, mil quinientas, veinticinco mil o ciento cuarenta mil vidas. Arendt lo catalogó con un adagio del que abusan los plumillas a medio instruir. Y Milgram lo estudió hace exactamente sesenta años. A estas alturas, ese tipo de crímenes sin mancharse las manos se han cometido en gran parte del mundo. Ahora bien, sostener en brazos un bebé -una cría de la especie humana, para los animalistas- un recién llegado a este cruel mundo, para a continuación mirarle a los ojos, desenvainar el alfanje y segar un brote que apenas había germinado, seccionándole la cabeza -confiamos que de un solo y preciso tajo- es algo que requiere de un estado emocional muy diferente al que implica tratar de engañarse a uno mismo, fingiéndose inocente por no haber hecho otra cosa que apretar civilizadamente un botón. Permitidme este macabro inciso para recordar que los bebés apenas tienen cuello. ¿Qué tipo de monstruo es capaz de cometer tamaña atrocidad? ¿Un animal acaso? Alguien más allá del Bien y del Mal, argumentaría alguno, vislumbrando la potencial brutalidad del ser humano, cuyos límites morales pueden ser  n i n g u n o.

Se lee en las Sagradas Escrituras de las tres religiones del libro que Abraham, el de Ur, padre de israelitas y de ismaelitas, sujetó a su anhelado retoño y a punto estuvo de degollarlo, si Yahvé así se lo hubiera exigido en última instancia. Llegados a este punto de hybris, de desmesura, de grave insulto a la vida y a los dioses de cualquier religión que se precie, mi memoria se queda atrapada, cual insecto en la telaraña, en el clarividente primer estásimo del coro de la Antígona de Sófocles:

πολλὰ τὰ δεινὰ κοὐδὲν ἀνθρώπου δεινότερον πέλει.
335
τοῦτο καὶ πολιοῦ πέραν πόντου χειμερίῳ νότῳ
χωρεῖ, περιβρυχίοισιν
περῶν ὑπ᾽ οἴδμασιν.
θεῶν τε τὰν ὑπερτάταν, Γᾶν
ἄφθιτον, ἀκαμάταν, ἀποτρύεται
ἰλλομένων ἀρότρων ἔτος εἰς ἔτος
340
ἱππείῳ γένει πολεύων.

κουφονόων τε φῦλον ὀρνίθων ἀμφιβαλὼν ἄγει
345
καὶ θηρῶν ἀγρίων ἔθνη πόντου τ᾽ εἰναλίαν φύσιν
σπείραισι δικτυοκλώστοις,
περιφραδὴς ἀνήρ:
κρατεῖ δὲ μηχαναῖς ἀγραύλου
350
θηρὸς ὀρεσσιβάτα, λασιαύχενά θ᾽
ἵππον ὀχμάζεται ἀμφὶ λόφον ζυγῶν
οὔρειόν τ᾽ ἀκμῆτα ταῦρον.

355καὶ φθέγμα καὶ ἀνεμόεν φρόνημα καὶ ἀστυνόμους
ὀργὰς ἐδιδάξατο καὶ δυσαύλων
πάγων ὑπαίθρεια καὶ δύσομβρα φεύγειν βέλη
παντοπόροςἄπορος ἐπ᾽ οὐδὲν ἔρχεται
360τὸ μέλλονἍιδα μόνον φεῦξιν οὐκ ἐπάξεται:
νόσων δ᾽ ἀμηχάνων ξυμπέφρασται.

365 σοφόν τι τὸ μηχανόεν τέχνας ὑπὲρ ἐλπίδ᾽ ἔχων
τοτὲ μὲν κακόνἄλλοτ᾽ ἐπ᾽ ἐσθλὸν ἕρπει,
νόμους γεραίρων χθονὸς θεῶν τ᾽ ἔνορκον δίκαν,
370ὑψίπολιςἄπολις ὅτῳ τὸ μὴ καλὸν
ξύνεστι τόλμας χάρινμήτ᾽ ἐμοὶ παρέστιος
375γένοιτο μήτ᾽ ἴσον φρονῶν ὃς τάδ᾽ ἔρδει.

ἐς δαιμόνιον τέρας ἀμφινοῶ

[Trad.: Muchas son las cosas terribles, pero nada hay más terrorífico que el Hombre. Y esta criatura surca el mar gris, con el viento invernal, entre las olas que braman a su alrededor. Y carcome a la más grande de los dioses: a la inmortal, a la infatigable Tierra, echando a rodar el arado, año tras año, labrándola con caballos.

Apresa el hábil Hombre, envolviéndolas, a las aves que surcan el Cielo; a las fieras salvajes que pueblan la Tierra; y a los seres marinos del Mar Océano, con lazos y redes. Domina también con su destreza, a la fiera campestre que anda errante por el monte; y al caballo de abundante crin lo subyuga, así como al toro, montaraz e indómito.

El Hombre cultiva la Palabra y la Sabiduría más sublime; conoce las Leyes de la Polis; guarda la casa del hielo invernal y de la tormenta. Rico en ardides, astuto, capaz de gobernar el Porvenir, ha hallado incluso el camino para escapar de las más terribles enfermedades. Pero del Hades no hallará senda que lo saque.

Tan lejos ha llegado en todas las Artes y disciplinas del Saber, camina ahora hacia el Bien, ahora hacia el Mal. Por eso, el regidor de la Polis que torcidamente interpreta las leyes de los Hombres y las de los Dioses no merece menos que ser expulsado de la ciudad tan pronto como concibe sus criminales planes.

Que el que ejecute tales cosas no participe ni de mi hogar ni de mi pensamiento.]

¿Qué se le pasa a uno por la cabeza para osar atentar contra la vida de un inocente, como por ejemplo ha sucedido en Kfar Aza, de esa manera tan feroz? Entiendo que lo que le pasó por la cabecica al padre de Israel y de Ismael: malinterpretar la obediencia a Dios. Quiero creer que el verbo es ése.

¿Y qué le pasa por la cabeza a quienes, desde su exilio dorado en Catar -donde permanecen desde 2012, desconozco si catando allí por adelantado las cuarenta huríes del Janah- ordenan primero semejante matanza y se niegan después, tras los primeros ataques de la actual ofensiva del gobierno israelí sobre Gaza, a abrir corredores humanitarios hacia Egipto para su desdichado, ignorante y maltratado pueblo?

Y llego finalmente adonde quería llegar: ¿Y qué tal lo llevan los plumillas de medio pelo, esa pobre gente sin conocimientos ni conciencia? ¿Malinterpretan la obediencia a una cabecera, a unos anunciantes, a una línea editorial, a la ideología de la tribu? Cuando se trata de elegir entre civilización y barbarie, suelen decantarse, del lado salvaje.

Se habló de bebés decapitados. Algunos periodistas se apresuraron a decir que no había que dar pábulo a la propaganda de una de las partes -un eufemismo como otro cualquiera con el que de hecho se estaban posicionando de la otra parte- cuando ya circulaban tres fuentes que acreditaban la veracidad de la noticia de la multitud de cadáveres de bebés, algunos de ellos, en efecto, decapitados. Con espíritu circense, estos cantamañanas presentes en todo tipo de redacciones de medios de comunicación de toda índole (que a su vez nutren a mucha pobre gente que nos rodea con la ponzoña que por lo visto necesitan) siguen haciendo piruetas para postergar con lenta agonía la inevitable caída en su propia sima moral. Pidieron imágenes, so pretexto de no caer en la propaganda. Pues bien: ya las tienenEs el horror, naturalmente. El horror. ¿Es de su gusto la propaganda que querían? ¿Qué se dirá ahora? ¿Fruto de la Inteligencia ArtificialQuizá ellos no lo sepan, pero la cifra bíblica los acompañará, aunque los bebés degollados finalmente sean veinticuatro o catorce y no cuarenta.

domingo, 9 de octubre de 2022

EL PISITO DE SOLTERO Y LA HABITACIÓN DEL NIÑO

Me dura mucho tiempo la ropa. Es cierto que procuro cuidarla, entre otras cosas porque, cuando voy de compras, las prendas que veo me suelen gustar menos que las que ya tengo. De niño era peor. Odiaba profundamente ir de compras, pero es lo que tienen los niños: que suelen crecer. Y hay que comprar ropa nueva cada poco, como puedo dar fe desde hace un tiempito. Lo curioso es que, en cambio, disfruto muchísimo comprando ropa al enano. Mi mujer se ríe, quizá porque cuando va de compras le pasa exactamente lo mismo que a mí. Se ríe también porque se imagina que en mi oficina murmuran a mis espaldas. Entonces se inventa conversaciones ficticias de gente a la que conoce sólo de oídas y que, sorprendentemente, suenan totalmente verosímiles, hasta el punto de desdibujarse la frontera entre realidad y ficción:

- ¿Has visto esa chaqueta de cuero que lleva? Creo que la tiene desde 2008.

- Calla, maja, que lo peor es que creo que no es la prenda más vieja que suele llevar.

Lo de mis camisetas reconozco que es de traca, porque se lavan con frecuencia y, claro, se desgastan. Tengo una extensa colección de camisetas -todas de cuando era soltero- que va desde grupos de música viejuna -de Peter Green o Cream- hasta personajes infantiles añejos -Pier Nodoyuna o los Muppets-, pasando por películas o actores -también antediluvianos, como no podía ser de otra manera-, por ejemplo, Con la muerte en los talones o la fascinante Pola Negri




Mi mujer me las quiere tirar todas. Dice que están viejas. Que lo sean, puede. Que lo estén, creo que no. Bueno, algunas sí, para qué negarlo. Pero lo que pasa es que no entiende que haya quien compre -yo, mismamente- camisetas con el serigrafiado desgastado. Bueno, en realidad dejé de hacerlo. Ahora directamente no compro. Si de mis compras en los últimos cuatro años dependiera, la industria textil se iba por el sumidero a la velocidad del rayo.

Lo de las chaquetas de tweed, en cambio, es otra cosa. 


Tengo unas cuantas en el armario, con sus chalequitos a juego. Ahí no hay queja, pero sí cachondeo. Abuelete y tal. Qué carajo, también hay queja. Mi mujer dice que ocupan mucho espacio y que no cabemos en casa. Y eso que ésas me las pongo cuando empieza a hacer fresquíbiri, cosa que con la famosa inverness cape no me atrevo... 
De mi colección de gorros y sombreros mejor no comentamos nada, porque ahí tengo las de perder. ¿Cuándo puedo salir a la calle con un kalpak kirguís? El salacot lo llevé al desierto -con un par- así que está amortizado, pero ¿qué hay del sikke derviche? ¿Y del kasa japonés? Recuerdo que en el aeropuerto me miraron raro. Pero cuando se los pongo al crío, éste se muere de la risa. Y la madre me aplaza la sentencia otras dos semanas. O una.

O ninguna, porque, al poco, aparecen las pipas: Otro casus belli. Que las coge el niño y se las mete en la boca, que qué guarrada es esa, que las saque de la mesita y las guarde en otro lado. Dónde, me digo, si no hay sitio. Mejor agacho las orejas y no digo más. 

Resumiendo: que ya no cabemos en casa. Y el precio del metro cuadrado en la Bella Easo €$ el que €$. A costa de comprar mierdas de este tipo a lo largo de una soltería que estiré como un chicle, no hay sitio en el pisito. Y si al reloj de cuco selvanegrino, los recuerdos de los viajes, los facsímiles enmarcados del Codex Manesse y del Códice Calixtino, el hombre de Vitruvio y al mapamundi de Felipe II le sumamos los libros, cedés y deuvedés, la que se supone que debería ser la habitación del  n i ñ o  parece más bien una mezcla entre museo decimonónico, audioteca, videoclub, sanatorio mental y biblioteca. Lo que viene siendo un auténtico cajón de sastre.

Cuando estaba en plena vorágine filológica tenía la excusa perfecta para adquirir nuevos volúmenes: ¿Qué sabría mi santa esposa si lo que debía leer era un ensayo de E. R. Curtius sobre la influencia de la literatura latina clásica en las literaturas medievales en Europa, los dos tomos de la Paideia de Jaeger o una edición en alto alemán medio del ciclo de Teodorico de Verona? Pero ahora, a falta de arrancarme con un máster y un doctorado -para los que, con un enano en casa, ay, carezco de tiempo- se me han acabado las excusas. Y el caso es que el otro día fichó que había un libro nuevo en casa: uno que lleva el título Philosophie. No ha colado que era Philologie y que ya lo tenía de antes. Y total, ¿para qué? Antes no nos dejaba dormir, pero, desde que la fiera corretea y destapa rotuladores, ya no hay tiempo para leer dos párrafos seguidos.

Pues eso: Feliz cumpleaños, hijo. Disfruta ahora, aunque no tengas ni habitación propia, que llegará el día en que se te haga pequeño el pisito de soltero.




martes, 26 de abril de 2022

¡ÁNIMO, ANÓNIMOS!

Iba a decir que tienen mala fama. Pero quizá haya que tengo que ajustar la conjugación de ese verbo a la primera persona. Aunque sea del plural.

Tenemos mala fama. Porque parece que nos escudamos en el anonimato para decir groserías, para acosar a famosos o para hablar de política en la red social del pajarito azul

Ahora que ésta cambia de dueño me toca padecer la euforia. La euforia de quienes creen que el cambio en el accionariado de esa empresa va a hacer posible que la izquierda y la derecha se zurren de igual a igual. Otros creen en las apariciones marianas. O en la superioridad moral. Qué más da.

Luego están los que se alegran de que el señor Musk -el apellido me sugiere la palabra mustélido-, un tipo que no va abiertamente de  amigo de la Humanidad,  que hace chanzas de la bonhomía e incluso del sex appeal del -éste sí- autodefinido  f i l á n t r o p o  Bill Gates, pida el DNI, la dirección y los dos apellidos a todos los usuarios de su recién adquirido juguetito virtual.



No seré yo quien defienda al ex de Melinda: un tipo que quiere tapar el sol. Un tipo que quiere que bebamos aguas fecales procesadas. Un tipo que quiere que comamos Soylent Green, mientras él, a nivel particular, quiere hacerse propietario de la mayor extensión de tierras cultivables de EE.UU.. Un tipo que habla de que el mar va a devorar nuestras costas, mientras adquiere un pisito de soltero a pie de playa en San Diego. Qué de cosas quiere este tipo.

Por otro lado, no sé muy bien qué decirle a esa gente, jefes de opinión de periódicos y sucedáneos, que abogan por el fin del anonimato en redes sociales. Bueno, sí lo sé, pero quiero ver cómo lo digo.


Para empezar: de los más de 160.000 seguidores que tiene este sujeto en redes, ¿cuántos son anónimos? Estoy cayendo en lo fácil. Prefiero enfocar el asunto desde otro ángulo. El mío personal, por ejemplo.

Por aquí ya sabéis que soy teutón, porque me ha dado la gana contarlo. También sabéis, por el mismo motivo, que resido en una bellísima ciudad de veraneo a orillas del mar Cantábrico donde, hasta hace no mucho, se cargaban a la gente por sus ideas políticas. La banda terrorista ETA asesinó a más de  c i e n  personas, que se dice pronto, en San Sebastián. Algunos los perpetraron desde el anonimato, es cierto, pero en otros casos lo hacían a cara descubierta y a plena luz del día. Y lo que, en mi opinión, es más reseñable: las ideas por las que mataron no había reparo en defenderlas con nombre y apellidos. Defender las contrarias, exponiéndose, era es más difícil. 

Ahora se diría que ya no hay mayor problema para hablar sin miedo. Por no llenar esto de más tachones diré que eso es mentira. El miedo persiste. Y el anonimato que persiguen esos cerebros privilegiados también sirve de parapeto en redes sociales. El celo a revelar la identidad en esta tela de araña no es solamente la trinchera desde la que algunos lanzan furiosas invectivas, sino también un escudo para protegerse del odio del que piensa distinto. Y eso no va a cambiar, por ejemplo, aquí, en la Bella Easo. Por lo que, si quisiera expresar más o menos libremente lo que opino en la red social del pajarito azul o en cualquier otra, lo seguiría haciendo desde el anonimato. Y, si no me lo permitieran, sencillamente, callaría y esperaría.