martes, 25 de febrero de 2025
UNDER MY THUMB
martes, 5 de noviembre de 2024
EL ETERNO RETORNO
viernes, 13 de octubre de 2023
CUARENTA
¿Sólo una cifra? Algo más. Cuarenta días dura la Cuaresma. Cuarenta días anduvo el Nazareno errante por el desierto antes de lanzarse a proclamar el Evangelio. La herencia es talmúdica, por supuesto, al igual que los cuarenta años de éxodo mosaico, los cuarenta días que duró la estancia del profeta del carro de fuego en el monte Horeb, los cuarenta días que Noé se refugió en el arca durante el Diluvio Universal, los cuarenta años que reinó el prudente Salomón... Es cuarenta, por tanto, una cifra asociada al sacrificio, a la purificación, a la transformación hacia lo sagrado.
De sacrificios de todo tipo está plagada la Torá. Y los cuatro Evangelios canónicos, por supuesto, son una sinfonía que celebra la ofrenda del cordero de Dios, "que quita el pecado del mundo", como se decía cuando íbamos a misa. El bouc emissaire, del que hablaba Girard. Se trata de una purga del más débil entre los suyos, un ejercicio extremo de violencia llevado a cabo por una comunidad con objeto de renacer fortalecida. Salimos más fuertes, ¡qué gran eslogan!
Matar a una persona puede ser muy fácil. Más aún si es débil, pensará alguno. Discrepo absolutamente, pero no quiero adelantarme. Ahora bien, evidentemente es más fácil cometer cualquier crimen si se puede automatizar el proceso, desdramatizarlo, alejar el foco, apretando simplemente un botón en un punto distante -quizá desde las alturas- para, a continuación, borrar del mapa diez, cien, mil quinientas, veinticinco mil o ciento cuarenta mil vidas. Arendt lo catalogó con un adagio del que abusan los plumillas a medio instruir. Y Milgram lo estudió hace exactamente sesenta años. A estas alturas, ese tipo de crímenes sin mancharse las manos se han cometido en gran parte del mundo. Ahora bien, sostener en brazos un bebé -una cría de la especie humana, para los animalistas- un recién llegado a este cruel mundo, para a continuación mirarle a los ojos, desenvainar el alfanje y segar un brote que apenas había germinado, seccionándole la cabeza -confiamos que de un solo y preciso tajo- es algo que requiere de un estado emocional muy diferente al que implica tratar de engañarse a uno mismo, fingiéndose inocente por no haber hecho otra cosa que apretar civilizadamente un botón. Permitidme este macabro inciso para recordar que los bebés apenas tienen cuello. ¿Qué tipo de monstruo es capaz de cometer tamaña atrocidad? ¿Un animal acaso? Alguien más allá del Bien y del Mal, argumentaría alguno, vislumbrando la potencial brutalidad del ser humano, cuyos límites morales pueden ser n i n g u n o.
Se lee en las Sagradas Escrituras de las tres religiones del libro que Abraham, el de Ur, padre de israelitas y de ismaelitas, sujetó a su anhelado retoño y a punto estuvo de degollarlo, si Yahvé así se lo hubiera exigido en última instancia. Llegados a este punto de hybris, de desmesura, de grave insulto a la vida y a los dioses de cualquier religión que se precie, mi memoria se queda atrapada, cual insecto en la telaraña, en el clarividente primer estásimo del coro de la Antígona de Sófocles:
355καὶ φθέγμα καὶ ἀνεμόεν φρόνημα καὶ ἀστυνόμους
ὀργὰς ἐδιδάξατο καὶ δυσαύλων
πάγων ὑπαίθρεια καὶ δύσομβρα φεύγειν βέλη
παντοπόρος: ἄπορος ἐπ᾽ οὐδὲν ἔρχεται
360τὸ μέλλον: Ἅιδα μόνον φεῦξιν οὐκ ἐπάξεται:
νόσων δ᾽ ἀμηχάνων ξυμπέφρασται.
365 σοφόν τι τὸ μηχανόεν τέχνας ὑπὲρ ἐλπίδ᾽ ἔχων
τοτὲ μὲν κακόν, ἄλλοτ᾽ ἐπ᾽ ἐσθλὸν ἕρπει,
νόμους γεραίρων χθονὸς θεῶν τ᾽ ἔνορκον δίκαν,
370ὑψίπολις: ἄπολις ὅτῳ τὸ μὴ καλὸν
ξύνεστι τόλμας χάριν. μήτ᾽ ἐμοὶ παρέστιος
375γένοιτο μήτ᾽ ἴσον φρονῶν ὃς τάδ᾽ ἔρδει.
ἐς δαιμόνιον τέρας ἀμφινοῶ
[Trad.: Muchas son las cosas terribles, pero nada hay más terrorífico que el Hombre. Y esta criatura surca el mar gris, con el viento invernal, entre las olas que braman a su alrededor. Y carcome a la más grande de los dioses: a la inmortal, a la infatigable Tierra, echando a rodar el arado, año tras año, labrándola con caballos.
Apresa el hábil Hombre, envolviéndolas, a las aves que surcan el Cielo; a las fieras salvajes que pueblan la Tierra; y a los seres marinos del Mar Océano, con lazos y redes. Domina también con su destreza, a la fiera campestre que anda errante por el monte; y al caballo de abundante crin lo subyuga, así como al toro, montaraz e indómito.
El Hombre cultiva la Palabra y la Sabiduría más sublime; conoce las Leyes de la Polis; guarda la casa del hielo invernal y de la tormenta. Rico en ardides, astuto, capaz de gobernar el Porvenir, ha hallado incluso el camino para escapar de las más terribles enfermedades. Pero del Hades no hallará senda que lo saque.
Tan lejos ha llegado en todas las Artes y disciplinas del Saber, camina ahora hacia el Bien, ahora hacia el Mal. Por eso, el regidor de la Polis que torcidamente interpreta las leyes de los Hombres y las de los Dioses no merece menos que ser expulsado de la ciudad tan pronto como concibe sus criminales planes.
Que el que ejecute tales cosas no participe ni de mi hogar ni de mi pensamiento.]
¿Qué se le pasa a uno por la cabeza para osar atentar contra la vida de un inocente, como por ejemplo ha sucedido en Kfar Aza, de esa manera tan feroz? Entiendo que lo que le pasó por la cabecica al padre de Israel y de Ismael: malinterpretar la obediencia a Dios. Quiero creer que el verbo es ése.
¿Y qué le pasa por la cabeza a quienes, desde su exilio dorado en Catar -donde permanecen desde 2012, desconozco si catando allí por adelantado las cuarenta huríes del Janah- ordenan primero semejante matanza y se niegan después, tras los primeros ataques de la actual ofensiva del gobierno israelí sobre Gaza, a abrir corredores humanitarios hacia Egipto para su desdichado, ignorante y maltratado pueblo?
Y llego finalmente adonde quería llegar: ¿Y qué tal lo llevan los plumillas de medio pelo, esa pobre gente sin conocimientos ni conciencia? ¿Malinterpretan la obediencia a una cabecera, a unos anunciantes, a una línea editorial, a la ideología de la tribu? Cuando se trata de elegir entre civilización y barbarie, suelen decantarse, del lado salvaje.
Se habló de bebés decapitados. Algunos periodistas se apresuraron a decir que no había que dar pábulo a la propaganda de una de las partes -un eufemismo como otro cualquiera con el que de hecho se estaban posicionando de la otra parte- cuando ya circulaban tres fuentes que acreditaban la veracidad de la noticia de la multitud de cadáveres de bebés, algunos de ellos, en efecto, decapitados. Con espíritu circense, estos cantamañanas presentes en todo tipo de redacciones de medios de comunicación de toda índole (que a su vez nutren a mucha pobre gente que nos rodea con la ponzoña que por lo visto necesitan) siguen haciendo piruetas para postergar con lenta agonía la inevitable caída en su propia sima moral. Pidieron imágenes, so pretexto de no caer en la propaganda. Pues bien: ya las tienen. Es el horror, naturalmente. El horror. ¿Es de su gusto la propaganda que querían? ¿Qué se dirá ahora? ¿Fruto de la Inteligencia Artificial? Quizá ellos no lo sepan, pero la cifra bíblica los acompañará, aunque los bebés degollados finalmente sean veinticuatro o catorce y no cuarenta.
domingo, 9 de octubre de 2022
EL PISITO DE SOLTERO Y LA HABITACIÓN DEL NIÑO
Me dura mucho tiempo la ropa. Es cierto que procuro cuidarla, entre otras cosas porque, cuando voy de compras, las prendas que veo me suelen gustar menos que las que ya tengo. De niño era peor. Odiaba profundamente ir de compras, pero es lo que tienen los niños: que suelen crecer. Y hay que comprar ropa nueva cada poco, como puedo dar fe desde hace un tiempito. Lo curioso es que, en cambio, disfruto muchísimo comprando ropa al enano. Mi mujer se ríe, quizá porque cuando va de compras le pasa exactamente lo mismo que a mí. Se ríe también porque se imagina que en mi oficina murmuran a mis espaldas. Entonces se inventa conversaciones ficticias de gente a la que conoce sólo de oídas y que, sorprendentemente, suenan totalmente verosímiles, hasta el punto de desdibujarse la frontera entre realidad y ficción:
- ¿Has visto esa chaqueta de cuero que lleva? Creo que la tiene desde 2008.
- Calla, maja, que lo peor es que creo que no es la prenda más vieja que suele llevar.
Lo de mis camisetas reconozco que es de traca, porque se lavan con frecuencia y, claro, se desgastan. Tengo una extensa colección de camisetas -todas de cuando era soltero- que va desde grupos de música viejuna -de Peter Green o Cream- hasta personajes infantiles añejos -Pier Nodoyuna o los Muppets-, pasando por películas o actores -también antediluvianos, como no podía ser de otra manera-, por ejemplo, Con la muerte en los talones o la fascinante Pola Negri.
Mi mujer me las quiere tirar todas. Dice que están viejas. Que lo sean, puede. Que lo estén, creo que no. Bueno, algunas sí, para qué negarlo. Pero lo que pasa es que no entiende que haya quien compre -yo, mismamente- camisetas con el serigrafiado desgastado. Bueno, en realidad dejé de hacerlo. Ahora directamente no compro. Si de mis compras en los últimos cuatro años dependiera, la industria textil se iba por el sumidero a la velocidad del rayo.
Lo de las chaquetas de tweed, en cambio, es otra cosa.
Tengo unas cuantas en el armario, con sus chalequitos a juego. Ahí no hay queja, pero sí cachondeo. Abuelete y tal. Qué carajo, también hay queja. Mi mujer dice que ocupan mucho espacio y que no cabemos en casa. Y eso que ésas me las pongo cuando empieza a hacer fresquíbiri, cosa que con la famosa inverness cape no me atrevo... De mi colección de gorros y sombreros mejor no comentamos nada, porque ahí tengo las de perder. ¿Cuándo puedo salir a la calle con un kalpak kirguís? El salacot lo llevé al desierto -con un par- así que está amortizado, pero ¿qué hay del sikke derviche? ¿Y del kasa japonés? Recuerdo que en el aeropuerto me miraron raro. Pero cuando se los pongo al crío, éste se muere de la risa. Y la madre me aplaza la sentencia otras dos semanas. O una.
O ninguna, porque, al poco, aparecen las pipas: Otro casus belli. Que las coge el niño y se las mete en la boca, que qué guarrada es esa, que las saque de la mesita y las guarde en otro lado. Dónde, me digo, si no hay sitio. Mejor agacho las orejas y no digo más.
Resumiendo: que ya no cabemos en casa. Y el precio del metro cuadrado en la Bella Easo €$ el que €$. A costa de comprar mierdas de este tipo a lo largo de una soltería que estiré como un chicle, no hay sitio en el pisito. Y si al reloj de cuco selvanegrino, los recuerdos de los viajes, los facsímiles enmarcados del Codex Manesse y del Códice Calixtino, el hombre de Vitruvio y al mapamundi de Felipe II le sumamos los libros, cedés y deuvedés, la que se supone que debería ser la habitación del n i ñ o parece más bien una mezcla entre museo decimonónico, audioteca, videoclub, sanatorio mental y biblioteca. Lo que viene siendo un auténtico cajón de sastre.Cuando estaba en plena vorágine filológica tenía la excusa perfecta para adquirir nuevos volúmenes: ¿Qué sabría mi santa esposa si lo que debía leer era un ensayo de E. R. Curtius sobre la influencia de la literatura latina clásica en las literaturas medievales en Europa, los dos tomos de la Paideia de Jaeger o una edición en alto alemán medio del ciclo de Teodorico de Verona? Pero ahora, a falta de arrancarme con un máster y un doctorado -para los que, con un enano en casa, ay, carezco de tiempo- se me han acabado las excusas. Y el caso es que el otro día fichó que había un libro nuevo en casa: uno que lleva el título Philosophie. No ha colado que era Philologie y que ya lo tenía de antes. Y total, ¿para qué? Antes no nos dejaba dormir, pero, desde que la fiera corretea y destapa rotuladores, ya no hay tiempo para leer dos párrafos seguidos.
Pues eso: Feliz cumpleaños, hijo. Disfruta ahora, aunque no tengas ni habitación propia, que llegará el día en que se te haga pequeño el pisito de soltero.