* La pieza musical para guitarra es la Cavatina, de Stanley Myers. Una muestra adicional del gusto de quién lo montó.
Mostrando entradas con la etiqueta videos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta videos. Mostrar todas las entradas
jueves, 30 de abril de 2009
UNA DEUDA PENDIENTE
No todas son mis películas favoritas. Pero sí que adoro todos y cada uno de los fotogramas escogidos. Y sobre todo admiro a quién editó este video. Porque con él se me saltan las lágrimas.
domingo, 26 de abril de 2009
LOS SEÑORES DE LA TIERRA
Preciosa fotografía de Edward Curtis, un excelente fotógrafo y un gran enciclopedista de las diferentes razas de indios norteamericanos. En este caso el retratado es un Pie Negro abrevando su montura en el Bow River. Idílico. La toma está fechada en 1910. Sin embargo la imagen, con toda su bucólica belleza, está cargada de una tristeza infinita. Por aquella época la población de nativos americanos, los indios de toda la vida, los feroces Pieles Rojas que provocaban el terror en la mente de los presbiterianos, baptistas, calvinistas y demás inmigrantes, había sido diezmada hasta su práctica desaparición.
La colonización del Nuevo Continente por parte de los europeos arribados en busca de paz y libertad, con la firme voluntad de que cada hombre dispuesto a labrarse un futuro pudiera hacerlo sin perjuicio de proceder de un hogar humilde o de profesar una fe minoritaria, debió de producir cuando menos expectación entre los pobladores originales de aquellas tierras. Probablemente se sintieran amenazados. Probablemente se tomaran el derecho de asaetear a cuantos rostros pálidos encontraran a su paso y de cortarles los skalps. Probablemente lo harían en defensa de la tierra de sus ancestros.
Es probable también que aquellos colonos huídos por lo general de sus tierras de origen y asediados ahora por aquellos indios, vieran salvajes donde había hombres. Es probable que sintieran temor ante aquel pueblo desconocido e impúdico. Es probable que también ellos manifestaran su legítimo derecho a defender sus vidas y las de sus familias por la fuerza de las armas.
Con el paso de los años las colonias del hombre blanco fueron creciendo. Españoles, en la Florida, holandeses en tierras de Nueva Amsterdam, franceses en la región de los Lagos, ingleses en Virginia, las tierras de la Reina Virgen. Y sin embargo la convivencia entre aquellos y los indios no siempre estuvo marcada por la enemistad. Los pactos y los intereses comunes desde siempre han unido mucho.
1756. Años antes de que el viejo rey Jorge, aquel inglés descendiente de alemanes, perdiera la cabeza, hubo una guerra. Si bien no se la llamó Guerra Mundial y se hubo de contentar con el exiguo título de Guerra de los Siete Años, fue un conflicto que se extendió a lo largo y ancho de tres continentes ni más ni menos, e involucró entre otros a los reinos de Prusia, Reino Unido, Portugal, Austria, Francia, España y Rusia. Por supuesto también se libraron batallas y escaramuzas en las colonias de ultramar. En Norteamérica, los colonos ingleses alcanzaron alianzas con distintas tribus amerindias, siguiendo la vieja estela de compromisos puntuales a los que habían llegado en terrenos del comercio. Los franceses hicieron lo propio con las tribus enemistadas con aquellas otras. Así, ingleses por su lado y franceses por el suyo, lucharon codo con codo con indígenas. Y aquellos estaban dando la vida sin saberlo porque el trono de Silesia lo ocupara Federico el Grande o la Emperatriz María Teresa. La guerra finalizó, claro, y hubo miles de bajas entre los indios. Incidentalmente, el trono de Silesia fue para el Viejo Fritz.
1773. Las Trece Colonias, aquella franja de tierra que recorría la costa atlántica de América del Norte, habían prosperado hasta el punto de plantearse la ruptura con la Corona inglesa. Los súbditos de ultramar, entre otras muchas cosas, no estaban dispuestos a pagar los abusivos aranceles del té que importaba la Metrópoli. Como era de esperar, tras la revuelta de Boston estalló la guerra. Una vez más, unos y otros buscaron apoyos, también entre las tribus indias, y se masacraron hasta que apenas una década después en Yorktown, el viejo Washington sonriera por una vez, pese a su crónico dolor de muelas, tras doblegar a la antigua patria por la que él mismo luchara hacía no tantos años. Nacía una República. La primera desde los tiempos de Roma.
A partir de entonces, el enemigo ya no era otro que el Salvaje. El salvaje se oponía al avance de la civilización. El salvaje impedía el avance del caballo de hierro. El salvaje amenazaba con matar a los colonos. El salvaje sembraba el terror entre sus mujeres... Lo cierto es que en el S. XIX los colonos ya estaban muy asentados. Pero, como suele suceder en estos casos, los intereses, los miedos, las inseguridades y las mentiras difundidas forjaron a hierro y sangre la imagen del Piel Roja en el imaginario colectivo de aquellos primeros estadounidenses.
Que las llamadas Guerras Indias se prolongaran durante la friolera de 115 años da una idea de las masacres que tuvieron lugar. Hoy en día esta etnia supone menos del 1% de la población total de los EE.UU.
Eran salvajes y no entendían. Eso debían pensar los tipos que ocuparon los grandes despachos en Filadelfia primero y en Washington después. ¿Les habrían oído hablar alguna vez? Alguna vez lo habrían hecho, sí. Hay un libro titulado "Great speeches by native americans", de la editorial Dover Thrift. Lo compré el año pasado por 2,50 $. Los dos euros mejor invertidos de mi vida. Es una compilación de discursos hechos por grandes líderes indios como Tecumseh, Sitting Bull, Gerónimo o Crazy Horse. Todos ellos dotados de una capacidad retórica apabullante. ¿Qué pensaría el Gran Jefe de Washington de turno cuando los viera, con las plumas de águila, vistiendo sus ropajes de piel de búfalo, portando el tommahawk o el calumet, según lo precisara la ocasión? ¿Qué pensamientos surcarían su mente cuando escuchara o cuando leyera las cartas traducidas al inglés que le eran enviadas en sus nombres?
No sé muy bien lo que pensarían. Pero como muestra, me gustaría ofreceros un discurso realizado por el jefe Noah Sealth en 1854. En mi opinión se trata de una muestra de armonía, sentido común y decencia que un dirigente debería tener presente en todo momento.
* Dedicado a J.A. Cebrián (*1965, + 2007)
jueves, 9 de abril de 2009
PASIÓN POR LAS HATUNAS: CATY
En esta Semana de Pasión en la que nos hallamos yo quiero declarar algo que tal vez no sea demasiado ortodoxo para el credo católico. Pero como mi madre es protestante luterana me permito ese lujo. Quiero declarar mi pasión por las hatunas. Todas sin excepción. Me encantáis. Y en un día cualquiera no sabría por cuál decantarme. Pero tal día como hoy lo tengo muy fácil. Tengo la excusa perfecta para decantar la balanza de mi pasión por la fabulosa, la maravillosa, la excelsa, la sabia, la divertida, la juguetona, la más jalapeña, la que se apunta a un bombardeo y desarma al rival con un arsenal de sonrisas, con ternura y con muuuuucho arte...
¿Quién?
Pues sí: Catiti. Nuestra Caty. La más guapa al este del Guadalquivir. Esa malacitana medio rondeña, granadina de adopción y hatuna por convicción.
Espero que tengas un día bonito en compañía de aquellos que te quieren, y que el año que tienes por delante sea uno de muchos, a cada cuál más felices. Los hatunes nos acordamos de ti y te enviamos lo único que sabemos:
Por supuesto con guindilla. Pero eso es un detalle mío, ¿eh? Y si me dejas, para acabar este pequeño detallito, te dedico una cancioncita. No te asustes, que no es de Roberto. Y para cerrar el círculo, y que la entrada quede presentable, aquí va un tema de los Monkees. Atenta al texto.
Un besote.
domingo, 22 de marzo de 2009
VERONIKA, DER LENZ IST DA!
Veronika, der Lenz ist da! Die Mädchen singen tra-la-la Die ganze Welt ist wie verhext Veronika, der Spargel wächst!
¡Verónica, la primavera está aquí! Las niñas cantan tralará El mundo entero parece embrujado ¡Verónica, el espárrago crece!
Bonita canción, con algún doble sentido demasiado obvio, aunque su grata melodía así como las armonías vocales de los Comedian Harmonists la hacen irresistible. "Veronika, der Lenz ist da" refleja toda la alegría de vivir de los años 20 del siglo que lleva el mismo nombre. Alegría que el famoso crack del '29 truncó de raíz y que supuso una crisis económica mundial de la cuál tan sólo se salió, ay, por causa de una guerra.
Crisis. Guerra. Intereses. La ecuación es muy simple, tanto como que en primavera crecen los espárragos cuando se les acerca Verónica. Y sin embargo, debemos estar felices, pues el Sol, ese que rige nuestros destinos, ha decidido ser clemente con nosotros, pobres Hijos de los Hombres, y regalarnos durante más tiempo su grata compañía. Y este renacer de la Naturaleza que llamamos primavera, nos hace soñar con ser poetas. Y en ocasiones, además de firmar versos con la pluma, los insolentes nos atrevemos también a intentarlo con la cámara.
Como muestra un botón. O una sarta de ellos, ya que estamos:
lunes, 9 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
